(4) “El hombre se puede rebelar cuando sólo es mortificado, pero cuando es destruido cesa
su rebelión. Ahora, aquí no se habla de mortificaciones sino de destrucción”.
(5) Después de esto han desaparecido; pero quién puede decir cómo he quedado, mucho
más porque sentía como una disposición de querer salir de este estado de sufrimientos, y una
voluntad no perfectamente resignada al Querer Divino. Veía con claridad que la más fea afrenta
que puede hacer la criatura al Creador es oponerse a su Querer Santísimo, por ello sentía la
pena, temía fuertemente que pudiera hacer un acto opuesto a su Querer, y con todo esto no
podía calmarme. Entonces, después de mucho esperar ha regresado mi adorable Jesús y me
ha dicho:
(6) “Hija mía, muchas veces Yo me complazco en elegir a las almas, en rodearlas de fuerza
divina de modo que ningún enemigo pueda entrar en ella, y ahí establezco mi perpetua morada,
y en este morar que hago me abajo, se puede decir, a los más pequeños servicios, la limpio, le
extirpo todas las espinas, le destruyo todo lo que de mal ha producido la naturaleza humana, y
en ella planto todo lo que de bello y de bueno en Mí se encuentra, tanto de formar el más bello
jardín de mis delicias, del cual me sirvo a mi gusto y según las circunstancias de mi gloria y del
bien de los demás, tanto, que se puede decir que no tiene ya nada de lo suyo, sirviéndome sólo
para habitación mía. Entonces, ¿sabes tú qué se necesita para destruir todo esto? Un acto
opuesto a mi Voluntad, y todo esto lo harás tú si te opones a mi Voluntad”.
(7) Y yo: “Temo Señor que los superiores me puedan dar la obediencia de la otra vez”.
(8) Y Él: “Eso no es cosa tuya, y Yo me las veré con ellos, pero en esto está tu querer”.
(9) A pesar de todo esto no me podía calmar e iba repitiendo en mi interior: “¡Qué cambio
funesto me sucedió! ¿Quién ha desunido mi querer del Querer de mi Dios, que parecía que
formaba uno solo?”
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4-168
Diciembre 31, 1902
Jesús ama tanto a Luisa, que llega a amarla cuanto
se ama a Sí mismo aunque algunas veces no puede
verla y le es repugnante. Explicaciones.
(1) Continuaba con el temor de que pudiese oponerme al Querer de mi adorable Jesús, me
sentía toda oprimida y angustiada, y estaba pidiéndole que me liberara, diciéndole: “Señor, ten
piedad de mí, ¿no ves el peligro en el cual me encuentro? ¿Es posible que yo, vilísimo gusanillo
me atreva a tanto, de sentirme opuesta a tu Santo Querer? Y además, ¿qué bien puedo
encontrar y en qué precipicio caeré si me encuentro desunida de tu Voluntad?” Mientras esto
decía, el bendito Jesús se ha movido en mi interior, y con una luz que me mandaba parecía que
me decía:
(2) “Tú no comprendes nunca nada, este estado es estado de víctima; cuando te ofrecieron
víctima por Corato tú aceptaste; ahora, ¿qué cosa hay de mal en Corato? ¿No hay tal vez la
rebelión hacia el Creador por parte de la criatura, entre sacerdotes y seglares, entre partidos y
partidos? Y bien, tu estado de rebelión no querido, el temor, tus penas, es estado expiatorio, y
este estado de expiación Yo lo sufrí en el Getsemaní, tanto, que llegué a decir: “Si es posible
pase de Mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Mientras que en todo el curso
de mi Vida la había deseado tanto, hasta sentirme consumir”.
(3) Al oír esto, parece que me he tranquilizado y me sentí fortificada, y le he pedido que
derramara en mí sus amarguras, y habiéndome acercado a su boca, por cuanto chupaba no
salía nada, sólo un aliento amarguísimo que me amargaba todo el interior, entonces yo, viendo