4-165
Diciembre 24, 1902
Efectos del sufrir. Valor de la soberbia.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y he encontrado a
Nuestro Señor, que junto tenía una cruz toda entretejida de espinas. Entonces la tomó y me la
puso sobre los hombros, ordenándome que la llevara en medio de una multitud de gente para
dar prueba de su misericordia y aplacar la justicia divina. Era tan pesada que la llevaba
encorvada y casi arrastrándome. Mientras la llevaba Jesús ha desaparecido, y aquél que me
guiaba cuando llegué a un punto me ha dicho:
(2) “Deja la Cruz y desnúdate, porque debe regresar Nuestro Señor y te debe encontrar lista
para la crucifixión”.
(3) Yo me he desnudado y he retenido los vestidos en la mano por la vergüenza que la
naturaleza sentía, y he dicho entre mí: “En cuanto venga los dejaré”. Mientras estaba en esto ha
regresado y encontrándome con los vestidos en la mano me ha dicho:
(4) “Ni siquiera te has desnudado del todo para poderte rápidamente crucificar, entonces lo
dejaremos para otro tiempo”.
(5) Yo he quedado confundida y afligida sin poder articular palabra, y Jesús para consolarme
me ha tomado de la mano y me ha dicho:
(6) “Dime, ¿qué quieres que te done?”
(7) Y yo: “Señor, el sufrir”.
(8) Y Él: “¿Y qué más?”
(9) Y yo: “No sé pedirte otra cosa que sufrir”.
(10) Y Jesús: ¿Y amor no quieres?”
(11) Y yo: “No, sufrir, porque dándome el sufrimiento me darás más amor, y esto lo sé por
experiencia, que para obtener las gracias, el amor más fuerte y a todo Tú mismo, no se obtiene
por otra cosa sino por medio del sufrimiento, y para merecerme todas tus atracciones, gustos y
complacencias, el único medio es el sufrir por amor tuyo”.
(12) Y Él: “Amada mía, te he querido probar para reencender en ti mayormente el deseo de
sufrir por amor mío”.
(13) Después de esto he visto personas que se creían algo más que los demás, y el bendito
Jesús ha dicho:
(14) “Hija mía, quien ante Mí y ante los hombres se cree alguna cosa, vale nada; y quien se
cree nada vale todo. Primero ante Mí, porque si hace alguna cosa, no cree que la hace porque
puede hacerla, porque tiene la fuerza, la capacidad, sino que la hace porque recibe de Dios la
gracia, las ayudas, las luces, por lo tanto se puede decir que la hace en virtud del poder divino,
y quien tiene consigo el poder divino, ya vale todo. Segundo, ante los hombres, este obrar en
virtud del poder divino, la hace obrar todo diferente, y no hace otra cosa que trasmitir luz del
poder divino que en sí contiene, de modo que los más perversos, sin quererlo, sienten la fuerza
de esta luz y se someten a sus quereres, y he aquí que también ante los hombres vale todo.
Todo al contrario quien se cree alguna cosa, además de que vale nada, me es abominable, y
por los modos ostentosos y refinados que tienen, creyéndose ellos alguna cosa, burlándose de
los demás, los hombres los tienen señalados con el dedo como sujetos de escarnio y de
persecución”.
+ + + +