4-164
Diciembre 18, 1902
Jesús la lleva de nuevo a sufrir con Él, para
vencer a aquellos que quieren el divorcio.
(1) No apenas me he encontrado en mi habitual estado, el bendito Jesús ha venido, pero
sufriendo tanto que daba compasión; entonces todo afligido me ha dicho:
(2) “Hija mía, ven de nuevo a sufrir Conmigo para poder vencer la obstinación de aquellos que
quieren el divorcio, probemos otra vez, tú estarás siempre dispuesta a sufrir lo que quiero, ¿no
es verdad? ¿Me das tu consentimiento?”
(3) Y yo: “Sí Señor, haz lo que quieras”.
(4) No apenas había dicho sí, el bendito Jesús se ha extendido dentro de mí, crucificado, y
como mi naturaleza era más pequeña que la suya, me ha estirado hasta hacerme llegar a su
mismo tamaño, después ha vertido poquísimo, sí, pero tan amargo y lleno de sufrimientos, que
no sólo sentía los clavos en los puntos de la crucifixión, sino todo el cuerpo me lo sentía clavado
por tantos clavos, de modo que me sentía toda destrozada. Entonces, por poco tiempo me dejó
en esa posición y me he encontrado en medio de los demonios, que viéndome tan sufriente
decían: “Hasta el último esta maldita debe vencer otra vez para que no hagamos la ley del
divorcio. Maldita tu existencia, tú buscas dañarnos y desbaratar nuestros planes, arruinando
nuestras tantas fatigas mandándolas al vacío, pero te la haremos pagar, te pondremos en contra
obispos, sacerdotes y gentes, de modo que en otra ocasión haremos que se te pase el capricho
de aceptar los sufrimientos”. Y mientras esto decían me enviaban torbellinos de llamas y humo.
Yo me sentía tan sufriente que no me daba cuenta ni de mí misma. El bendito Jesús ha
regresado y los demonios han huido ante su vista, y de nuevo me renovó los mismos
sufrimientos, más fuertes que antes, y así lo repitió otras dos veces, y si bien estuve casi siempre
con Jesús, como me encontraba como oprimida por fuertes sufrimientos no le he dicho nada,
sólo Él me decía:
(5) “Hija mía, por ahora es necesario que sufras, ten paciencia. ¿No quieres cuidar de mis
intereses como si fueran tuyos?”
(6) Y ahora me sostenía entre sus brazos, no pudiendo mi naturaleza sostener por sí sola el
peso de aquellos sufrimientos. Después me ha dicho:
(7) “Amada, ¿quieres ver el mal que ha sucedido en aquellos días que te tuve suspendida de
este estado?”
(8) En ese momento no sé cómo, he visto la justicia, y la veía llena de luz, de gracia, de
castigos y de tinieblas, y por cuantos días había estado suspendida, tantos ríos de tinieblas
descendían sobre la tierra, y aquellos que quieren hacer mal y hablar mal quedaban más ciegos
y tomaban fuerza para ejecutarlo, lanzándose contra la Iglesia y las personas sagradas. Yo he
quedado asombrada y Jesús me ha dicho:
(9) “Tú creías que era nada, tanto que no te preocupabas, pero no era así, has visto cuánto
mal ha venido y cuánta fuerza han tomado los enemigos, hasta llegar a hacer lo que durante el
tiempo en que te he tenido siempre en este estado no habían podido”.
(10) Después de esto ha desaparecido.
+ + + +