lloraba abundantemente, y Él viendo el peligro de caer y mi llanto, lloraba junto conmigo. ¡Qué
desgarradora escena! Entonces, haciéndome violencia lo he besado en el rostro, y besándome
Él también le he dicho: “Vida y fuerza mía, por mí soy débil y nada puedo, pero Contigo todo
puedo; por eso fortifica mi debilidad infundiéndome tu misma fuerza, y así podré sostener el
peso de tu persona, único medio para podernos recíprocamente evitar este disgusto, yo de
hacerte caer y Tú de sufrir la caída”. Al oír esto Jesús me ha dicho:
(3) “Hija mía, ¿y tú no comprendes el significado de mi pesantez? Debes saber que es el peso
enorme de la justicia que ni Yo puedo soportarlo más, ni tú podrás contenerlo, y el hombre está
por ser aplastado por el peso de la justicia divina”.
(4) Yo al oír esto lloraba, y Él, para distraerme, como antes de venir tenía un fuerte temor de
que no debiese obedecer sobre ciertas cosas, ha agregado:
(5) “Y tú amada mía, ¿por qué temes tanto que no te hiciese obedecer? ¿No sabes que
cuando atraigo, uno, identifico a un alma Conmigo, comunicándole mis secretos, la primera tecla
que pongo, la que suena más bello y que comunica el sonido a todas las demás teclas, es la
tecla de la obediencia? Tanto, que si las demás teclas no están en comunicación con la primera
tecla, sonarán de un modo discordante, que jamás podrá ser agradable a mi oído. Por eso no
temas, y además, no tú sino Yo obedeceré en ti, y siendo una obediencia que me corresponde
hacer a Mí, déjame actuar a Mí, sin preocuparte, porque sólo Yo sé lo que conviene, y el modo
para hacerme conocer”.
(6) Dicho esto ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma. Sea siempre bendito el
Señor.
+ + + +
4-163
Diciembre 17, 1902
Para poder ser víctima es necesaria la unión permanente con Jesús.
(1) Esta mañana, al venir mi adorable Jesús, le estaba rogando que se aplacara, diciéndole:
“Señor, si no puedo yo sola sostener el peso de tu justicia, hay tantas almas buenas, que
dividiendo un poco en cada una, resultará más fácil sostener el peso, y así las gentes podrán
ser perdonadas”.
(2) Y Él: “Y tú, hija mía, ¿no sabes que para que mi justicia pueda descargar sobre alguna
alma el peso del castigo de otros, se debe encontrar en posesión de mi unión permanente, de
modo que todo lo que obra, sufre, intercede y obtiene, le viene dado por virtud de mi unión
establecida en ella, no haciendo otra cosa el alma que poner su voluntad y unificándola con la
mía; ni mi justicia podría hacerlo si antes no le da las gracias necesarias para poder poner al
alma a sufrir por causa de los demás?”
(3) Y yo: “¿Cómo, tu unión es permanente en mí? Me veo tan mala”.
(4) Y Él interrumpiendo mi hablar ha agregado: “Tonta, ¿qué dices? ¿No me oyes
continuamente en ti, no adviertes los movimientos sensibles que hago en tu interior? La oración
continua que en tu interior se eleva, no pudiendo tú hacer de otra manera, ¿acaso eres tú o Yo
que habito en ti? A lo más no me ves alguna vez, y esto no dice que mi unión no sea permanente
en ti”.
(5) Yo he quedado confundida y no he sabido qué responder.
+ + + +