4-161
Diciembre 9, 1902
Luisa se encuentra junto con Jesucristo, como
clavada con Él. Hablan acerca del divorcio.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma junto con
Jesucristo, como clavada con Él, y como yo sufría permanecía en silencio. Mientras tanto vi al
confesor junto con el ángel custodio que le decía:
(2) “Esta pobrecita está sufriendo mucho, tanto que le impide hablar, dale un poco de tregua,
porque cuando dos amantes desahogan entre ellos lo que tienen en su interior, terminan
concediéndose mutuamente lo que quieren”.
(3) Entonces me he sentido aliviar los sufrimientos, y primeramente he dicho ciertas
necesidades del padre, al rogarle que lo hiciera todo de Dios, porque cuando uno llega a ser tal,
no puede encontrar ninguna dificultad para que le concedan lo que quiere, porque no podrá
buscar otra cosa sino lo que agrada a Dios; después he dicho: “Señor, ¿esta ley del divorcio
llegarán los hombres a formarla en Italia?”
(4) Y Él: “Hija mía, hay peligro, a menos que algún rayo chino llegue a impedirles este
propósito”.
(5) Y yo: “Señor, ¿cómo? ¿Es tal vez alguno de China, que mientras estén por hacer esto
tomará algún rayo y lo arrojará entre ellos para matarlos, de modo que aquellos asustados
emprenderán la fuga?”
(6) Y Jesús: “Cuando no comprendas es mejor que calles”.
(7) Yo he quedado confundida y no me he atrevido a hablar más, y sin haber comprendido el
significado. Pero el ángel custodio estaba diciendo al confesor que además de la intención de la
cruz uniera la de hacerlo derramar, que si esto conseguía vencería el punto y no podrán hacerlo.
+ + + +
4-162
Diciembre 15, 1902
Queda clavada con Jesús. El hombre está por
ser aplastado por el peso de la justicia divina.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y he encontrado a
mi adorable Jesús arrojado por tierra, crucificado, que todos lo pisoteaban, y yo para impedir
que esto hicieran me he extendido sobre Él para recibir sobre mí lo que le hacían a Nuestro
Señor. Y mientras estaba en aquella posición he dicho: “Señor, ¿qué te cuesta que esos mismos
clavos que te traspasan, me traspasen a mí al mismo tiempo?” Mientras estaba en esto me he
encontrado clavada con aquellos mismos clavos que tenían clavado al bendito Jesús, Él abajo
y yo arriba; y en esta posición nos hemos encontrado en medio de aquellos hombres que quieren
el divorcio, y Jesús les mandaba tantos rayos de luz producidos por los sufrimientos que Jesús
y yo sufríamos, y ellos quedaban deslumbrados y confundidos. Y comprendía que si el Señor
querrá hacerme sufrir cuando ellos vengan para hacer esto, fracasarán y no concluirán nada.
(2) Después de esto ha desaparecido, quedando yo sola a sufrir, después ha regresado de
nuevo pero no crucificado, y se ha arrojado en mis brazos, pero se volvió tan pesado que mis
pobres brazos no resistían y estaba a punto de dejarlo caer a tierra. Entonces, viendo que por
más que hacía y me esforzaba no podía sostener ese peso, era tanta la pena que sentía que