indignación te suspendo del estado de víctima, porque cuando mi justicia ha probado varias
veces, usando todo su poder para no dar aquel castigo querido por el mismo hombre, y con todo
esto lo quiere, es necesario que la justicia suspenda a quien la detiene y haga caer el castigo”.
(4) Y yo: “Señor, si me quisieras suspender por otros castigos, fácilmente habría aceptado
porque es justo que la criatura se uniforme en todo a tu Santo Querer, pero aceptarlo por este
mal gravísimo, mi alma no puede tolerar esta suspensión, más bien invísteme de tu poder y
hazme ir en medio de esos tales que quieren esto”.
(5) Mientras esto decía me he encontrado con ellos, parecían investidos por fuerzas
diabólicas, especialmente uno que parecía furibundo, como si quisiera trastornar todo. He dicho
y vuelto a decir y apenas logré arrojarles alguna pequeña luz de razón, haciéndoles conocer el
error que cometían, y después de esto me he encontrado en mí misma con escasísimos
sufrimientos.
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4-160
Diciembre 8, 1902
El confesor usa la potestad de la Iglesia para tener
crucificado a Jesús en Luisa, crucificándola juntamente
para impedir la ley del divorcio.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, hoy quiero tenerte suspendida sin hacerte sufrir”.
(3) Y yo he comenzado a temer y a lamentarme con Él, y ha agregado:
(4) “No temas, Yo me estaré contigo, más bien, cuando tú ocupas el estado de víctima estás
expuesta a la justicia, y además de los otros sufrimientos muchas veces te toca sufrir mi misma
privación y la oscuridad, en suma, todo lo que merece el hombre por sus culpas, pero
suspendiéndote el oficio de víctima todo será misericordia y amor que mostraré hacia ti”.
(5) Yo me sentía liberada, si bien veía a mi amado Jesús y comprendía muy bien que no era
su venida lo que hacía necesaria la venida del sacerdote para hacerme recuperar, sino más bien
los sufrimientos que Jesús me daba. Entonces, no sé decir por qué, mi alma sentía una pena,
pero mi naturaleza sentía una gran satisfacción y decía: “Por lo menos ahorraré al confesor el
sacrificio de venir”. Pero mientras esto pensaba, he visto junto con Nuestro Señor un sacerdote
vestido de blanco, me parecía que fuera el Papa y junto el confesor, y ellos le rogaban que me
hiciera sufrir para impedir que redactaran esta ley del divorcio. Pero Jesús no les hacía caso,
entonces el confesor no haciendo caso de que no lo oía, con ímpetu extraordinario, que parecía
que no fuera él, ha tomado a Jesucristo en brazos y a fuerza lo ha puesto dentro de mí diciendo:
“Te estarás crucificado en ella, crucificándola, pero esta ley no la queremos”.
(6) Jesús ha quedado como atado dentro de mí, crucificado por aquella imposición, sintiendo
yo acerbamente los dolores de la cruz, y ha dicho:
(7) “Hija, es la Iglesia que lo quiere, y su potestad unida a la fuerza de la oración me ata”.
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