demás espero que lo haga el Señor, iluminándolos para hacerlos comprender lo que yo no he
sabido manifestar bien.
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4-158
Diciembre 5, 1902
Ve a una mujer que llora el estado de los pueblos,
ella le pide no salir de su estado de víctima.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, el bendito Jesús me ha comunicado sus penas, y
estando sufriendo veía a una mujer que lloraba copiosamente y decía: “Los reyes se han aliado
y los pueblos perecen, y éstos no viéndose ayudados, protegidos, sino más bien despojados, se
perderán, y los reyes sin los pueblos no pueden subsistir. Pero lo que me hace llorar más es que
veo faltar las fortalezas de la justicia, cuales son las víctimas, único y solo sostén que mantiene
la justicia en estos tiempos tristísimos; ¿al menos me das tú la palabra de no salirte de este
estado de víctima?”
(2) Y yo, no sé porque, me he sentido tan decidida que he respondido: “Esta palabra no la
doy, no, permaneceré hasta que el Señor quiera, pero en cuanto Él me diga que ha terminado
el tiempo de hacer esta penitencia, no permaneceré ni siquiera un minuto más”. Y ella al oír mi
irremovible voluntad, más lloraba, como queriendo con su llanto que yo dijera sí, y yo más que
nunca resuelta he dicho: “No, no”.
(3) Y ella llorando ha dicho: “Así que habrá justicia, castigos, matanzas, sin ninguna
disminución”.
(4) Sin embargo, habiéndolo dicho al confesor, me ha dicho que por obediencia retirara el no.
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4-159
Diciembre 7, 1902
Francia e Italia no reconocen más a Jesús. Jesús la suspende
de su estado de víctima, pero ella no acepta y lucha para
que no se redacte la ley del divorcio.
(1) Encontrándome fuera de mí misma me he encontrado en una densísima oscuridad, y en
ella estaban miles de personas, dicha oscuridad las volvía ciegas, tanto que ellas mismas no
comprendían lo que hacían. Parecía que fuese parte de Italia y parte de Francia. ¡Oh! cuántos
errores se advertían en Francia, peores que los de Italia, parecía que habían perdido la razón
humana, primera dote del hombre y que lo distingue de las bestias, y se habían vuelto peor que
éstas mismas. Cerca de esta oscuridad se veía una luz, me he acercado y encontré a mi amante
Jesús, pero tan afligido e indignado contra aquella gente, que yo temía y temblaba de pies a
cabeza, y sólo he dicho:
(2) “Señor, cálmate y hazme sufrir a mí, derramando sobre mí tu indignación”.
(3) Y Él me ha dicho: “¿Cómo puedo aplacarme si me quieren apartar de ellos, como si no
fueran obra creada por Mí? ¿No ves cómo Francia me ha arrojado de sí, considerándose
honrada de no reconocerme más? Y cómo Italia quiere seguir a Francia, habiendo algunos que
darían el alma al diablo con tal de poder formar la ley del divorcio, tantas veces intentada por
ellos y que han quedado aplastados y confundidos; más que aplacarme y derramar sobre ti mi
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