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Diciembre 4, 1902
Jesús manifiesta las razones de su obrar.
(1) Estaba pensando en mi mente en esta obediencia diciendo: “Ellos tienen razón de
ordenarme eso, y luego no es una gran cosa que el Señor me haga obedecer en el modo querido
por ellos. Además de que ellos dicen: “O que te haga obedecer, o bien que diga la razón por la
que quiere que venga el sacerdote a hacerte recuperar de ese estado”. Mientras esto pensaba,
mi adorable Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:
(2) “Hija mía, Yo quería que ellos mismos hubieran encontrado la razón de mi obrar, porque
en mi Vida, desde que nací hasta que morí, habiendo encerrado en Mí la vida de toda la Iglesia,
todo se encuentra, las cuestiones más difíciles confrontadas a algún suceso de mi Vida donde
se puedan uniformar, se resuelven; las cosas más enredadas se sueltan, y las más oscuras y
obtusas en que la mente humana casi se pierde en esa oscuridad, encuentran la luz más clara
y resplandeciente. Esto significa que no tienen por regla de su obrar mi vida, de otra manera
habrían encontrado la razón. Pero ya que no han encontrado ellos la razón, es necesario que
Yo hable y la manifieste”.
(3) Después de esto se ha levantado y con imperio, tanto que yo temía, ha dicho:
(4) “¿Qué significa aquél ¿ostende te sacerdoti?”.
(5) Después haciéndose un poco más dulce ha agregado:
(6) “Mi Potencia se extendía por doquier, y desde cualquier lugar que me encontrara podía
realizar los más estrepitosos milagros, sin embargo, en casi todos los milagros quise asistir
personalmente, como al resucitar a Lázaro, fui, hice quitar la lápida, lo hice desatar, y después
con el imperio de mi voz lo volví a llamar a la vida. Al resucitar a la niña, la tomé de la mano con
mi mano derecha llamándola nuevamente a vida, y tantas otras cosas que están registradas en
el Evangelio, que a todos son conocidas, quise asistir con mi presencia. Esto enseña, estando
encerrada la vida futura de la Iglesia en la mía, el modo como debe comportarse el sacerdote
en su obrar. Y estas son cosas que se refieren a ti, pero en modo general, tu lugar propio lo
encontrarán sobre el calvario. Yo, sacerdote y víctima y levantado sobre el leño de la cruz, quise
un sacerdote que me asistiera en aquel estado de víctima, el cual fue san Juan, que
representaba la Iglesia naciente; en él Yo veía a todos: Papas, obispos, sacerdotes y todos los
fieles juntos, y él mientras me asistía, me ofrecía como víctima para la gloria del Padre y para el
buen éxito de la Iglesia naciente. Esto no sucedió por casualidad, que un sacerdote me asistiera
en ese estado de víctima, sino que todo fue un profundo misterio, predestinado desde “ab eterno”
en la mente divina, significando que al escoger a una alma víctima por las graves necesidades
que en la Iglesia hay, un sacerdote Me la ofrezca, Me la asista, la ayude y la anime a sufrir; si
estas cosas se comprenden, está bien, ellos mismos recibirán el fruto de la obra que prestan,
como san Juan, ¿cuántos bienes no recibió por haberme asistido en el monte calvario? Si en
cambio no, no hacen otra cosa que poner mi obra en continuos conflictos, desviando mis más
bellos designios.
(7) Además de esto, mi sabiduría es infinita y al enviar alguna cruz al alma para santificarse,
no sólo toma una, sino cinco, diez, cuantas Me placen, a fin de que no sólo una, sino todas éstas
juntas se santifiquen. Como en el calvario, no estuve Yo solo, además de tener un sacerdote
tuve una Madre, tuve amigos y hasta enemigos, que al ver el prodigio de mi paciencia, muchos
creyeron en Mí como el Dios que era y se convirtieron; si Yo hubiera estado solo, ¿habrían
recibido estos grandes bienes? Ciertamente que no”.
(8) ¿Pero quién puede decir todo lo que me ha dicho, y explicar los más minuciosos
significados? Lo he dicho lo mejor que he podido, como en mi rusticidad he sabido decirlo, lo
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