(1) Encontrándome con temores, dudas, agitaciones, de que todo fuera obra del demonio,
viniendo mi adorable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo soy Sol que lleno de luz al mundo, y yendo al alma se reproduce en ella otro
Sol, de modo que por camino de rayos de luz se saetean mutuamente de continuo. Ahora, en
medio a estos dos Soles se producen nubes, que son las mortificaciones, las humillaciones,
contrariedades, sufrimientos y demás; si estos son verdaderamente Soles, tienen tanta fuerza,
que con saetearse continuamente triunfan sobre estas nubes y las convierten en luz; pero si son
soles aparentes y falsos, estas nubes que se producen en medio tienen fuerza de convertir a
estos soles en tinieblas. Esta es la señal más cierta para conocer si soy Yo o el demonio, y
después de que una persona ha recibido esta señal, puede arriesgar la vida por confesar la
verdad, que es luz y no tinieblas”.
(3) He estado rumiando en mi mente si se encuentran en mí estas señales, y me veo tan
defectuosa que no tengo palabras para manifestar mi maldad. Sin embargo no desconfío, más
bien espero que la misericordia del Señor quiera tener compasión de esta pobre criatura.
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4-156
Diciembre 3, 1902
Turbaciones por la obediencia, Jesús la tranquiliza.
(1) Esta mañana, encontrándome en mi habitual estado y continuando mis temores, al venir
el bendito Jesús le he dicho: “Vida de mi vida, ¿de dónde viene que no me haces obedecer las
órdenes de los superiores?”
(2) Y Él: “Y tú, hija mía, ¿no ves de dónde viene el conflicto? De que el querer humano no se
una con el Divino y se den el beso juntos, de modo de formar uno solo, y cuando hay conflicto
entre estos dos quereres, siendo superior el Querer Divino, el querer humano debe perder por
fuerza. Y además, ¿qué otra cosa quieren? Yo te he dicho que si quieren te hago caer en este
estado, si no quieren te hago obedecer con relación a la obediencia de que Yo te debo hacer
caer y Yo debo hacerte volver en ti sin que ellos vengan, dejando la cosa independiente de ellos
y toda a mi disposición. Queda a Mí si te quiero tener un minuto o media hora en este estado, si
te debo hacer sufrir o no, esto queda todo a mi cargo, y queriendo ellos hacer diversamente
sería un querer dictarme leyes del modo, del cómo y del cuándo debo hacer Yo las cosas; esto
sería un quererse meter demasiado en mis juicios y querer hacerme de maestro, a quien la
criatura está obligada a adorar, y no a investigar”.
(3) Me ha dejado en tal modo que no sabía qué responder. Viendo que no respondía ha
agregado:
(4) “Este no quererse persuadir me disgusta demasiado; tú, sin embargo, en los conflictos y
mortificaciones no tengas la mirada en ellos, sino fíjala en Mí que fui el centro de las
contradicciones, y sufriéndolas tú vendrás a ser más semejante a Mí; así tu naturaleza no podrá
separarse, sino que permanecerás calmada y tranquila. Quiero que de parte tuya hagas cuanto
puedas por obedecerlos, el resto déjalo a mi cargo, sin turbarte”.
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