(12) Y yo: “Sí”.
(13) “Pues bien, Yo te he prometido que te haré obedecer, por lo tanto no quiero que te
amargues. Sin embargo diles: ¿Quieren jugar Conmigo? ¡Ay de quien quiera jugar Conmigo y
luchar contra mi Voluntad!”.
(14) Y yo: “¿Sin Ti cómo hago? Porque si no soy sorprendida por ese estado yo no te veo”.
(15) “Y Él: “Como no es tu voluntad salir de este estado de sacrificio, Yo encontraré otros
modos para hacerme ver y entretenerme contigo; ¿no estás contenta?”.
(16) Así a la mañana siguiente, sin perder los sentidos se ha hecho ver sensiblemente
dándome algunas gotas de leche para fortalecerme, pues era extrema mi debilidad.
+ + + +
4-154
Noviembre 22, 1902
Corre peligro de morir, la obediencia se opone.
(1) El día 22 de noviembre continuaba sintiéndome mal, y de nuevo el bendito Jesús ha venido
y me ha dicho:
(2) “Amada mía, ¿te quieres venir?”
(3) Y yo: “Sí, no me dejes más sobre esta tierra”.
(4) Y Él: “Sí, te quiero contentar esta vez”.
(5) Y mientras esto decía me he sentido cerrar el estómago y la garganta, de modo que ya no
entraba nada, apenas podía respirar, sintiéndome sofocar. Después he visto que Jesús bendito
llamaba a los ángeles y les decía: “Ahora que la víctima se viene, suspendan las fuerzas, a fin
de que los pueblos hagan lo que quieran”.
(6) Y yo: “Señor, ¿quiénes son ellos?”
(7) Y Él: “Son los ángeles que custodian las ciudades, hasta en tanto que las ciudades son
asistidas por la fuerza de la protección divina comunicada a los ángeles, no pueden hacer nada,
cuando esta protección les es quitada por las graves culpas que cometen, dejándolas en poder
de ellos mismos, pueden hacer revoluciones y cualquier tipo de mal”.
(8) Entonces yo me sentía plácida y viéndome sola con mi amado Jesús y abandonada por
todas las criaturas, de corazón le agradecía al Señor y le pedía que se dignara no dejar que
viniera nadie a darme molestia. Mientras estaba en esta situación, ha venido mi hermana y
viéndome mal ha mandado a llamar al confesor, el cual por camino de obediencia ha logrado
hacerme abrir un poco la garganta y se fue dándome la obediencia de no morir. Pobre quien
tiene que vérselas con las criaturas, porque no conociendo a fondo todas las penas y desgarros
de una pobre alma, agregan a las penas mayores dolores, y es más fácil obtener compasión de
Dios, ayuda y consuelo, que de las criaturas, es más, parece que atizan mayormente. Pero sea
siempre bendito el Señor que todo dispone para su gloria y para el bien de las almas.
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4-155
Noviembre 30, 1902
Temor de que su estado fuera obra del demonio. Jesús
le enseña cómo conocer cuándo es Él, y cuándo el demonio.
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