(12) “No llores amada mía, escúchame, esta mañana quiero oír la misa junto contigo,
enseñándote el modo como debes oírla”.
(13) Y así Él decía y yo lo seguía, pero como no lo veía mi corazón era despedazado
continuamente por el dolor, y para interrumpir de vez en cuando mi llanto, me llamaba
continuamente, ahora enseñándome alguna cosa de la Pasión, explicándome el significado, y
ahora me enseñaba a hacer lo que hacía en su interior en el curso de su Pasión, que por ahora
omito escribir, reservándolo para otro tiempo si Dios quiere. Así he continuado por otros dos
días.
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4-153
Noviembre 21, 1902
Jesús se sirve de la naturaleza de Luisa para
continuar el curso de sus sufrimientos en ella.
(1) Continuaba sin poder perder los sentidos, ni dormir, mi pobre naturaleza no podía más, y
mi amadísimo Jesús, cuando yo me sentía más que nunca convencida de que no lo vería más,
de improviso ha venido y me ha hecho perder los sentidos, y quedé como si hubiera sido
golpeada como por un rayo. Quién puede decir mi temor, pero qué, no era más dueña de mí
misma, no estaba más en mi poder el recuperar mis sentidos. Y Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, no temas, he venido para fortalecerte; ¿no ves tú misma que no puedes más, y
cómo tu naturaleza sin Mí desfallece?”
(3) Y yo le he dicho llorando: “¡Ah! vida mía, sin Ti estoy muerta, no siento ya fuerzas vitales;
Tú formabas todo mi ser, y faltándome Tú me falta todo; seguro que si Tú sigues sin venir, yo
me moriré de dolor”.
(4) Y Él: “Hija amada mía, tú dices que Yo soy tu vida, y Yo te digo que tú eres mi vida viviente.
Así como me serví de mi Humanidad para sufrir, así me sirvo de tu naturaleza para continuar el
curso de mis padecimientos en ti; por eso toda mía tú eres, más bien eres mi misma Vida”.
(5) Mientras decía esto me acordé de la obediencia y le he dicho: “Dulce Bien mío, ¿me harás
obedecer al hacer recuperarme por mí misma?”
(6) Y Él: “Hija mía, Yo, Creador, obedecí a la criatura teniéndote suspendida estos días, es
muy justo que la criatura obedezca a su Creador sometiéndose a mi Voluntad, porque frente a
mi Voluntad Divina la razón humana no vale, y la razón más fuerte ante la Voluntad Suprema se
resuelve en humo”.
(7) Quién puede decir cómo he quedado amargada, más sin embargo resignada, haciendo
voto al Señor de jamás retirar mi voluntad de la suya ni siquiera por un parpadeo de ojos, y como
me habían dicho que si era sorprendida por este estado y no me recuperaba por mí misma me
dejarían morir, por eso me estaba preparando a la muerte, considerándola como gran fortuna, y
le pedía al Señor que me tomara entre sus brazos.
(8) Mientras esto hacía ha venido el confesor para hacerme volver en mí, amargándome
mayormente, tanto que el Señor al verme tan amargada me dijo en mi interior:
(9) “Dile que me conceda otros dos días de suspensión, para darles tiempo a poderse regular”.
(10) Y así se ha ido, dejándome toda traspasada y como llena de amargura; y Jesús haciendo
oír de nuevo su voz me ha dicho:
(11) “Pobre hija, cómo la amargan, me siento lacerar el corazón al verte, ánimo, no temas hija
mía; además recuerda que por la intervención de la obediencia fuiste suspendida de este estado,
si ahora no quieren ya, Yo te haré obedecer, ¿no es este el clavo que más te traspasa, el no
obedecer?”
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