cambio el hombre, todo lo contrario, al obrar el bien no mira hacia dentro de la obra, y no viendo
el fruto fácilmente se aburre, se fastidia todo y muchas veces deja de hacer el bien; si sufre,
fácilmente se impacienta, y si hace el mal, no mirando hacia dentro de aquel mal, con facilidad
lo hace”.
(3) Después ha agregado: “Las criaturas no quieren persuadirse de que la vida va
acompañada de varios y diferentes acontecimientos, ahora sufrimientos y ahora consolaciones;
y son las plantas, las flores las que dan el ejemplo con estar sometidas a los vientos, nevadas,
granizadas y calores”.
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4-151
Noviembre 16, 1902
La palabra de Dios es alegría. El confesor le dice que Monseñor
ordenaba que por ningún motivo debía venir más el sacerdote
para hacerla salir de su acostumbrado estado.
(1) Esta noche la he pasado muy angustiada, veía al confesor en actitud de darme
prohibiciones y órdenes. El bendito Jesús por poco tiempo ha venido y sólo me dijo:
(2) “Hija mía, la palabra de Dios es alegría, y quien la escucha y no la hace fructificar con las
obras, le pone una tinta negra y la enfanga”.
(3) Entonces, sintiéndome muy sufriente he tratado de no poner atención a lo que veía, y
encontrándome en este estado ha venido el confesor diciéndome que Monseñor ordenaba que
por ningún motivo debía venir más el sacerdote a hacerme salir de mi habitual estado, sino que
por mí misma debía salir de él, cosa que durante dieciocho años jamás he podido obtener, por
más lágrimas y oraciones, votos y promesas que haya hecho al Altísimo, porque, lo confieso
ante Dios, que todo lo que he podido pasar de sufrimientos no han sido para mí verdaderas
cruces, sino gustos y gracias de Dios, y la única y verdadera cruz para mí ha sido la venida del
sacerdote. Entonces, conociendo por tantos años de experiencia la imposibilidad del éxito, mi
corazón era lacerado por el temor de no poder obedecer, no haciendo otra cosa que derramar
lágrimas amarguísimas, rogándole a aquel Dios que es el único que observa el fondo del
corazón, que tuviera piedad de la situación en la cual me encontraba. Mientras rezaba llorando
he visto un rayo de luz y una voz que decía:
(4) “Hija mía, para hacer conocer que soy Yo, lo obedeceré a él, y después de que haya dado
pruebas de obediencia, él me obedecerá a Mí”.
(5) Y diciendo yo: “Señor, temo demasiado el no poder obedecer”. Él ha agregado:
(6) “La obediencia desata y encadena, y como es cadena ata al Querer Divino con el humano
y de ellos forma uno solo, de modo que el alma no obra con el poder de su voluntad, sino con el
poder de la Voluntad Divina, y además no serás tú la que obedecerá, sino Yo que obedeceré en
ti”.
(7) Después, todo afligido ha agregado: “Hija mía, ¿no te lo decía, que tenerte en este estado
de víctima y comenzar los estragos en Italia me es casi imposible?”
(8) Entonces yo he quedado un poco más tranquila, pero no sabía en qué modo debía
realizarse esta obediencia.
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