males que haya podido cometer, y por todo el bien que debía hacer y no he hecho. Mientras
esto hacía, el bendito Jesús ha venido vestido de fiesta, en acto de recibirme entre sus brazos
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que merecí lo cedí a todas las criaturas, y de modo especial y
sobreabundante a quien es víctima por amor mío; entonces todo lo que quieras te lo cedo no
sólo a ti, sino a quien quieras tú”.
(3) Y yo recordándome del confesor le he dicho: “Señor, si me llevas te pido que contentes al
padre”.
(4) Y Él: “Es cierto que alguna recompensa ha recibido gracias a la caridad que te ha hecho,
y como él ha cooperado, viniendo tú a Mí en el ambiente de la eternidad, otra recompensa le
daré”.
(5) El mal aumentaba siempre más, pero me sentía feliz encontrándome en el puerto de la
Eternidad. Mientras estaba en esto ha venido el confesor y me ha llamado a la obediencia. Yo
habría querido callar todo, pero él me ha obligado a decir todo, y ha salido con el acostumbrado
estribillo de que no debo morir por obediencia. A pesar de todo esto el mal no cesaba.
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4-143
Septiembre 4, 1902
El confesor pide a Jesús que no la haga morir.
(1) Continuo sintiéndome mal, y al mismo tiempo sentía una inquietud por esta extraña
obediencia, como si no pudiera emprender el vuelo hacia mi sumo y único Bien, con la añadidura
de que debiendo celebrar la santa misa el confesor, no quería darme la comunión por los
continuos conatos de vómito que me molestaban. Pero Jesús bendito, como el confesor me
había dicho que por obediencia me hiciera tocar el estomago por Jesucristo, en cuanto ha venido
me lo ha tocado y se han detenido los vómitos continuos, pero el mal no cesaba, y Jesús
viéndome tan inquieta me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué haces? ¿No sabes que si la muerte te sorprende encontrándote inquieta
te deberá tocar el purgatorio? Porque si la mente no se encuentra unida a la mía, si la voluntad
no es una con la mía, los deseos no son mis mismos deseos, por necesidad te conviene la
purgación para transformarte toda en Mí; por eso está atenta, piensa sólo en estarte unida
Conmigo, y yo pensaré en lo demás”.
(3) Mientras esto decía veía la Iglesia, al Papa, y parte de Ella se apoyaba sobre mi espalda,
y al mismo tiempo veía al confesor que forzaba a Jesús a no llevarme por ahora, y el bendito
Señor ha dicho:
(4) “Los males son gravísimos y los pecados están por llegar al punto de no merecer más
almas víctimas, es decir, quién sostenga y proteja al mundo ante Mí; si este punto toca la justicia,
ciertamente me la llevaré”.
(5) Así que comprendía que las cosas son condicionadas.
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