siendo que en la Humanidad de Jesucristo obraba la Divinidad, comprendía con claridad que
Jesús bendito en todo el curso de la vida rehacía por todos en general, y por cada uno en
particular todo lo que cada uno está obligado a hacer hacia Dios, de modo que adoraba a Dios
por cada uno en particular, agradecía, reparaba, glorificaba por cada uno, alababa, sufría,
rogaba por cada uno. Entonces comprendía que todo lo que cada uno debe hacer, ya ha sido
hecho primero en el corazón de Jesucristo.
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4-141
Agosto 10, 1902
Privaciones, lamentos, y necesidad de los castigos.
(1) Encontrándome sumamente afligida por la pérdida de mi sumo Bien, mi pobre corazón es
lacerado continuamente y sufre una muerte continua. Ahora, viniendo el confesor estaba
diciéndole mi pobre estado, y él empezó a llamarlo y a poner intención, pero qué, mi mente
quedaba suspendida, por unos instantes veía como un relámpago y huía y regresaba en mí
misma sin verlo. ¡Oh Dios, qué pena! Son penas que ni siquiera se pueden explicar. Entonces,
después de haber esperado mucho, finalmente ha venido, y al quejarme con Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, si no supieras la causa de mi ausencia tendrías quizá alguna razón para
lamentarte, pero sabiendo que no vengo porque quiero castigar al mundo, injustamente te
lamentas”.
(3) Y yo: “¿Qué tiene que ver el mundo conmigo?”
(4) Y Él: “Sí tiene que ver, porque al venir tú me dices: “Señor, quiero darte satisfacción por
ellos, quiero sufrir por ellos.’ Y Yo siendo justísimo no puedo recibir de uno y de otro la
satisfacción de una deuda, y queriendo tomar de ti la satisfacción, el mundo no haría otra cosa
que ensoberbecerse siempre más. Mientras que en estos tiempos de rebelión son tan
necesarios los castigos, y si no hago esto se volverán tan densas las tinieblas, que todos
quedarán cegados”.
(5) Mientras esto decía me he encontrado fuera de mí misma y veía la tierra toda llena de
tinieblas, apenas alguna estela de luz. ¿Qué será del pobre mundo? Dan mucho qué pensar las
cosas tristísimas que sucederán.
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4-142
Septiembre 3, 1902
Dice Jesús: Todo lo que merecí en mi vida, lo cedí a todas
las criaturas, y en modo especial y sobreabundante a
quien es victima por amor mío.
(1) Esta mañana encontrándome en mi habitual estado, sentí que me venía un mal natural,
tan fuerte que me sentía morir. Entonces, temiendo que pudiera pasar del tiempo a la eternidad,
y mucho más temía porque el bendito Jesús apenas viene, y a lo más como sombra, porque si
viniera según su costumbre yo no temería para nada, entonces para hacer que me pudiera
encontrar en buen momento, rogaba al Señor que me cediera el ejercicio de su santa mente
para satisfacer por los males que haya podido hacer con mis pensamientos, sus ojos, su boca,
sus manos, sus pies, su corazón y todo su sacratísimo cuerpo para satisfacer por todos los