molestias, los hombres y los demonios tomarán fuerza y harán salir estas espinas que pincharán
a la Iglesia acerbamente, y si tú aceptas sufrirlas, quedarán debilitados los unos y los otros”.
(5) Al oír esto, me he detenido, pero quién puede decir lo que he pasado y sufrido; creía que
no debía salir ya de en medio de aquellos diabólicos espíritus, pero después de haber estado
casi una noche, la protección divina me ha liberado.
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4-136
Julio 3, 1902
Jesús le habla de su Vida Eucarística.
(1) Continuando mi acostumbrado estado me he encontrado fuera de mí misma, dentro de
una iglesia, y no encontrando a mi adorable Jesús, he ido a tocar a una custodia para que Él me
abriera, y no abriéndome, volviéndome atrevida yo misma la abrí y encontré a mi solo y único
Bien. ¿Quién puede decir mi contento? He quedado como estática al ver su belleza indecible. Y
Jesús al verme se arrojó en mis brazos y me dijo:
(2) “Hija mía, cada período de mi Vida debe recibir del hombre distintos y especiales actos y
grados de imitación, de amor, de reparación y más. Pero el período de mi Vida Eucarística, como
es toda vida de escondimiento, de transformación y de continua consumación, tanto que puedo
decir que mi amor, después que ha llegado al exceso y aun haberse consumado, no pudo
encontrar en mi infinita sabiduría otras señales externas de demostración de amor para el
hombre. Y así como la encarnación, la vida, pasión y muerte de cruz obtienen amor, alabanza,
agradecimiento, imitación, así la vida sacramental obtiene del hombre un amor extático, amor
de dispersión en Mí, amor de perfecta consumación, y consumándose el alma en mi misma vida
sacramental, puede decir que hace ante la Divinidad los mismos oficios que continuamente estoy
haciendo Yo ante Dios por amor de los hombres. Y esta consumación hará que el alma
desemboque a la vida eterna”.
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4-137
Julio 7, 1902
La humillación con Cristo hace comenzar la exaltación con Cristo.
(1) Esta mañana no viniendo el bendito Jesús, me sentía toda confundida y humillada;
después de haber esperado mucho, se ha hecho ver diciéndome:
(2) “Luisa humillada siempre con Cristo”.
(3) Y yo, complaciéndome y deseando ser con Cristo humillada, he dicho: “¡Siempre, oh
Señor!”
(4) Y Él ha continuado: “Y el siempre de la humillación con Cristo hará comenzar el siempre
de la exaltación con Cristo”.
(5) Así que comprendía que por cuantas humillaciones sufre el alma con Cristo y por amor de
Cristo, y si estas son continuas, el Señor otras tantas veces la exaltará, y esta exaltación la hará
continuamente ante toda la corte celestial, ante los hombres, y hasta ante los mismos demonios.
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