tantos otros efectos; ahora, sólo la cruz contiene todos juntos estos efectos produciéndolos en
el alma con tal eficacia, de volverla en poquísimo tiempo semejante al original de donde salió”.
(3) Después de esto, como si quisiera tomar reposo se ha retirado en mi interior.
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4-128
Abril 29, 1902
Quien quiere todo Dios, se debe dar todo a Dios.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido por poco tiempo diciéndome:
(2) “Hija mía, quien todo quiere de Dios, debe darse todo sí mismo a Dios”.
(3) Y se ha detenido sin decirme nada más; entonces yo viéndolo cerca de mí le he dicho:
“Señor, ten compasión de mí, ¿no ves cómo todo está árido y seco? Me parece que me he vuelto
tan seca como si jamás hubiera tenido ni gota de lluvia”.
(4) Y Él: “Mejor así. ¿No sabes tú que por cuanto más la leña está seca, tanto más fácil el
fuego la devora y la convierte en fuego? Basta una sola chispa para encenderla, pero si está
llena de humores y no bien seca, se necesita gran fuego para encenderla y mucho tiempo para
convertirla en fuego. Así en el alma, cuando todo está seco basta una sola chispa para
convertirla toda en fuego de amor divino”.
(5) Y yo: “Señor, ¿te burlas de mí? ¿Cómo entonces todo es feo, y además, qué cosa debes
quemar si todo está seco?”
(6) Y Él: “No me burlo, y tú misma no comprendes que cuando no está seco todo en el alma,
humor es la complacencia, humor es la satisfacción, humor el propio gusto, humor es la estima
propia; en cambio cuando todo está seco y el alma obra, estos humores no tienen de donde
nacer y el fuego divino encontrando sólo al alma desnuda, seca como fue creada por Él, sin
otros humores extraños, siendo cosa suya le resulta facilísimo convertirla en su mismo fuego
divino. Y después de esto Yo le infundo un hábito de paz, siendo conservada esta paz por la
obediencia interior y custodiada por la obediencia exterior, esta paz pare a todo Dios en el alma,
esto es todas las obras, las virtudes, los modos del Verbo humanado, de modo que se descubre
en ella su simplicidad, la humildad, la dependencia de su vida infantil, la perfección de sus
virtudes adultas, la mortificación y crucifixión de su morir; pero esto comienza siempre, en que
quien quiere todo Cristo, debe dar todo a Cristo”.
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4-129
Mayo 16, 1902
Dos estados sublimes.
(1) Esta mañana después de haber esperado mucho, ha venido mi dulcísimo Jesús, y yo en
cuanto lo he visto me lo he estrechado y le he dicho: “Amado Bien mío, esta vez te estrecharé
tanto que no podrás huir más”. Mientras estaba en esto me he sentido toda llena de Dios, como
si estuviera inundada, de modo que mis potencias del alma han quedado como embelesadas e
inactivas, sólo contemplaban. Después de haber estado un poco en esta inactiva, pero dulce y
agradable posición, mi adorable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, algunas veces lleno tanto de Mí mismo al alma, que el alma perdiéndose en Mí
queda como ociosa; otras veces le dejo alguna parte vacía, y entonces el alma ante mi presencia