multiplican los males físicos; por tanto sin daros cuenta vais contra vosotros mismos destruyendo
todos aquellos bienes caducos y pasajeros que tanto amáis, y no sólo eso, sino que vais
buscando destruir vuestra misma vida, y seréis causa de hacer derramar lágrimas amargas a
vuestros descendientes”.
(6) Después he hecho un acto grandísimo de humildad, que ni siquiera lo sé decir, y aquellos
han quedado como uno al que le pasa el estado de locura, y tan débiles que no tenían fuerza ni
siquiera de tocarme; así he pasado libre y comprendía que no hay fuerza que pueda resistir a la
fuerza de la razón y de la humildad.
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4-126
Abril 16, 1902
Modo de reprimir las pasiones. La importancia
de los primeros movimientos de ellas.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús no venía, entonces yo, no viéndolo venir he dicho: “¿Qué
estoy haciendo en este estado, si el objeto que me tenía embelesada no viene más? Mejor que
la termine de una vez”. Mientras esto decía, mi dulce Jesús ha venido por poco y me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo el punto está en reprimir los primeros movimientos, si el alma está atenta
a esto, todo irá bien; si no, a los primeros movimientos no reprimidos saldrán fuera las pasiones,
y romperán la fuerza divina, que como cerca circunda al alma para tenerla bien custodiada y
alejarle los enemigos que siempre buscan insidiar y dañar a la pobre alma; pero si en cuanto los
advierte entra en sí misma, se humilla, se arrepiente y con valor pone remedio, la fuerza divina
se cierra de nuevo en torno al alma; pero si no pone remedio, rota ya la fuerza divina, dará el
paso a todos los vicios. Por eso está atenta a los primeros movimientos, pensamientos, palabras
que no sean rectos y santos, porque si se te escapan los primeros, no es más el alma la que
reina, sino las pasiones, si quieres que la fuerza no te deje sola un solo instante”.
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4-127
Abril 25, 1902
La cruz es Sacramento.
(1) Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y después de haber ido en busca de
mi dulce Jesús, lo he encontrado, pero en actitud tan lamentable que hacía rompérseme el
corazón; tenía las manos llagadas, tan contraídas por la aspereza del dolor que no se podían
tocar; yo he tratado de tocarlas para poder estirarle los dedos y curar las llagas, pero no he
podido porque el bendito Jesús lloraba por el fuerte dolor. Entonces, no sabiendo qué hacer lo
he estrechado y le he dicho: “Amante Bien mío, desde hace tiempo no me has participado los
dolores de tus llagas, tal vez por eso se han exacerbado tanto, te pido que me hagas partícipe
de tus penas, así, sufriendo yo se podrán mitigar tus sufrimientos”. Mientras esto decía ha salido
un ángel con un clavo en la mano y me ha traspasado las manos y los pies, y conforme iba
clavando el clavo en mis manos, se iban aflojando los dedos y quedaban sanadas las llagas de
mi amado Jesús. Y mientras yo sufría el Señor me ha dicho:
(2) “Hija mía, la cruz es sacramento; cada uno de los sacramentos contiene sus efectos
especiales: Uno quita la culpa, otro confiere la gracia, otro une con Dios, otro dona la fuerza, y