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4-124
Marzo 30, 1902
Ve la Resurrección. Vestido de luz de la
Humanidad resucitada de Jesús.
(1) Esta mañana encontrándome fuera de mí misma, he visto por poco tiempo a mi adorable
Jesús en el momento de su Resurrección, todo vestido de luz resplandeciente, tanto, que el sol
quedaba oscurecido ante aquella luz. Yo he quedado encantada y he dicho: “Señor, si no soy
digna de tocar tu Humanidad glorificada, hazme tocar al menos tus vestidos”.
(2) Y Él me ha dicho: “Amada mía, ¿qué dices? Después de que resucité no tuve más
necesidad de vestidos materiales, sino que mis vestiduras son de sol, de luz purísima que cubre
mi Humanidad y que resplandecerá eternamente dando gozo indecible a todos los sentidos de
los bienaventurados. Y esto fue concedido a mi Humanidad porque no hubo parte de Ella que
no fuera cubierta de oprobios, de dolores y de llagas”.
(3) Dicho esto ha desaparecido sin que haya tocado ni su Humanidad ni los vestidos, porque
mientras tomaba entre mis manos sus sagradas vestiduras, se me escapaban y no las
encontraba.
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4-125
Abril 4, 1902
Destruyendo los bienes morales, se destruyen
también los bienes físicos y temporales.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús viene pero casi siempre en silencio, o
bien me dice alguna cosa respecto a la verdad, y sucede que mientras está el Señor la
comprendo y me parece que la sabré decir, pero desapareciendo siento que me quita esa luz
de verdad que me había infundido y no sé decir nada. Después, esta mañana he tenido que
sufrir mucho por esperarlo, y al venir me ha transportado fuera de mí misma, haciéndose ver
muy indignado. Entonces yo para aplacarlo he hecho varios actos de arrepentimiento, pero a
Jesús parecía que no le agradaba ninguno; yo toda me afanaba en variar los actos de
arrepentimiento, a lo mejor alguno pudiera gustarle, y al final le he dicho:
(2) “Señor, me arrepiento de las ofensas hechas por mí y por todas las criaturas de la tierra,
y me arrepiento y me disgusta por la única razón de que te hemos ofendido a Ti, sumo Bien,
porque mientras mereces amor, nosotros hemos osado darte ofensas”.
(3) Con este último pareció que el Señor quedaba complacido y mitigado. Después de esto
me ha transportado en medio de un camino donde estaban dos hombres en forma de bestias,
todos ocupados en destruir todo tipo de bien moral. Parecían fuertes como leones y ebrios de
pasión, el sólo verlos daba terror y miedo. Y el bendito Jesús me ha dicho:
(4) “Si quieres aplacarme un poco ve y pasa en medio de aquellos hombres, para
convencerlos del mal que hacen, enfrentando su furor”.
(5) Si bien un poco tímida, pero he ido y en cuanto me vieron me querían devorar, pero yo les
he dicho: “Permitan que hable y después hagan lo que quieran, debéis saber que si lográis
vuestro propósito de destruir todo bien moral perteneciente a religión, virtud, dependencia y
bienestar social, vosotros sin daros cuenta del error, vendréis a destruir al mismo tiempo todos
los bienes físicos y temporales, porque por cuanto se quitan los bienes morales, otro tanto se
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