(1) Continuaba con el remordimiento, pero el Señor ha continuado viniendo, y queriendo
reparar lo que había hecho el día anterior le he dicho: “Señor, vamos a ver lo que hacen las
criaturas, son tus imágenes, ¿no quieres tener compasión de ellas?”
(2) Y Él: “No, no quiero ir, por voluntad propia se han corrompido y Yo permitiré que lo que
sirve para su alimento les sirva de infección; ¿quieres ir tú a ayudar, a consolar, a hacer alguna
cosa? Ve, pero Yo no”.
(3) Así he dejado a mi amado Jesús, y yo he ido en medio de las criaturas, he ayudado a bien
morir a alguno, y después he visto de donde venía el aire infectado e hice varias penitencias
para alejarlo, y después he regresado; y continuaba haciéndose ver el bendito Jesús, pero en
silencio.
+ + + +
4-122
Marzo 23, 1902
El apoyo de la verdadera santidad es el conocimiento de sí mismo.
(1) Después de haber esperado mucho ha venido mi dulcísimo Jesús, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el apoyo de la verdadera santidad está en el conocimiento de sí mismo”.
(3) Y yo: “¿De veras?
(4) Y Él: “Cierto, porque el conocimiento de sí mismo deshace a sí mismo y se apoya todo en
el conocimiento que adquiere de Dios, de modo que su obrar es el mismo obrar divino, no
quedando más nada del propio ser”.
(5) Después ha agregado: “Cuando el interior se embebe, se ocupa todo de Dios y de todo lo
que a Él pertenece, Dios se comunica todo Sí mismo al alma; pero cuando el interior se ocupa,
ahora de Dios, ahora de otras cosas, Dios se comunica en parte al alma”.
+ + + +
4-123
Marzo 27, 1902
Enseñanza de Jesús acerca la Justicia.
(1) Encontrándome fuera de mí misma buscaba a mi dulcísimo Jesús, y mientras giraba lo he
visto en brazos de la Reina Madre. Cansada como estaba, toda atrevida, casi se lo he arrebatado
y lo he tomado entre mis brazos diciéndole: “Amor mío, ¿esta es la promesa de que no me
dejarías, si en los días pasados poco o nada has venido?”
(2) Y Él: “Hija mía, estaba contigo, sólo que no me has visto con claridad, y además, si tus
deseos hubieran sido tan ardientes de quemar el velo que te impedía el verme, ciertamente me
habrías visto”.
(3) Después, como si quisiera hacerme una exhortación ha agregado:
(4) “No sólo debes ser recta, sino justa, y en la justicia entra el amarme, alabarme, glorificarme,
agradecerme, bendecirme, repararme, adorarme, no sólo por sí, sino por todas las otras
criaturas; estos son derechos de justicia que exijo de toda criatura, y que como Creador me
corresponden, y quien me niega uno solo de estos derechos no puede decirse jamás justo. Por
eso piensa en cumplir tu deber de justicia, porque en la justicia encontrarás el principio, el medio
y el fin de la santidad”.
274 sig