(3) Y mientras esto decía parecía que tomaba una cruz alta, de cuyos brazos pendían seis o
siete ciudades, y sucedían diversos castigos. Al ver esto he sufrido mucho, y Él queriéndome
distraer de aquella pena ha agregado:
(4) “Hija mía, tú sufres mucho cuando te privo de mi presencia, y esto por necesidad te debe
suceder, porque habiendo estado por tanto tiempo cercana, identificada con el contacto de la
Divinidad, has gozado a tus anchas todo lo agradable de la luz divina, y por cuanto más uno ha
gozado la luz, tanto más siente la privación de dicha luz, y los aburrimientos, los fastidios y las
penas que llevan consigo las tinieblas”.
(5) Después ha repetido: “Pero la cosa principal de cada uno es que en cada pensamiento
suyo, palabra y obra, no busque el propio interés, ni la estima y el agradar a los demás, sino
sólo y únicamente el agradar a Dios”.
+ + + +
4-120
Marzo 18, 1902
La inquietud hace sufrir a Jesús.
(1) Esta mañana me sentía inquieta por la ausencia de mi adorable Jesús, y habiendo recibido
la comunión, en cuanto ha venido a mi corazón he comenzado a decir muchos disparates: “Dulce
Bien mío, no es cosa de estarse quieta cuando no vienes, pues Tú al verme tranquila abusas y
no te das ningún pensamiento de venir, por lo tanto es necesario dar pasos, de otra manera no
se logra”. Él, al oírme se ha movido en mi interior y se ha hecho ver en acto de sonreír, porque
oía mis disparates y me ha dicho:
(2) “Entonces tú quieres que sufra, porque sabiendo que si estás inquieta Yo vengo a sufrir,
así que el no tratar de estar tranquila es lo mismo que querer hacerme sufrir más”.
(3) Y yo, loca como estaba he dicho: “Mejor que sufras, porque por tu mismo sufrimiento
puedes tener más compasión de mi sufrimiento; y además, el sufrimiento que te viene por el
pecado es feo, y basta con que no sea ese sufrimiento”.
(4) Y Jesús: “Pero si vengo me obligas a no enviar castigos, mientras que son tan necesarios.
Entonces deberías uniformarte conmigo y querer lo que quiero Yo”.
(5) Y yo, recordándome lo que había visto en los días pasados he dicho: “¿Qué castigos?
¿Que quieres hacer morir a las gentes? Hazlas morir, alguna vez deben ir a Ti y a su propia
patria, con tal que los salves; lo que quiero es que los liberes de los males contagiosos”. El Señor
no me ha prestado atención y ha desaparecido. Al regresar se hacía ver siempre con la espalda
volteada al mundo, y por más que hacía no he logrado que lo mirase, y cuando lo quería obligar
por la fuerza me ha dicho:
(6) “No me fuerces, pues de esta manera me obligas a privarte de mi presencia”.
(7) Entonces he quedado con un remordimiento y siento que cometí muchos defectos.
+ + + +
4-121
Marzo 19, 1902
Las criaturas se han corrompido por propia voluntad.
Jesús no quiere tener compasión de ellas.
273 sig