naturaleza perfecta como salió de mis manos, semejante a Mí, y con esto viene a superar en
nobleza a la misma naturaleza angélica”.
(3) Dicho esto ha desaparecido.
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4-113
Marzo 3, 1902
Los castigos son necesarios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús no venía, y yo me sentía morir
por su ausencia. Después, hacia la última hora, movido a compasión de mí, ha venido y
besándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, es necesario que alguna vez no venga, ¿de otra manera cómo daría desahogo
a mi justicia? Y los hombres viendo que Yo no los castigo no harían otra cosa que enorgullecerse
siempre más; por eso son necesarias las guerras, los estragos; el principio y el medio serán
dolorosísimos, pero el fin será gozosísimo, y además tú lo sabes, que la primera cosa es la
resignación a mi Voluntad”.
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4-114
Marzo 5, 1902
El mal ejemplo de las cabezas.
(1) Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y después de haber ido en busca de
mi adorable Jesús lo he reencontrado, pero para mi sorpresa he visto que tenía clavadas en los
pies, en las plantas, muchas espinas que le daban dolor y le impedían caminar; todo afligido se
ha arrojado en mis brazos como queriendo encontrar reposo y que yo le quitara aquellas
espinas, yo me lo he estrechado y le he dicho: “Dulce amor mío, si hubieras venido en los días
pasados no te habrías clavado tantas espinas, a lo más, conforme se te clavara alguna te la
habría sacado, he aquí lo que has hecho con no venir”. Y mientras esto le decía, le iba quitando
todas aquellas espinas, y los pies del bendito Jesús derramaban sangre, y Él sufría por el fuerte
dolor. Después de esto, como si se hubiera aliviado ha querido también verter y después me ha
dicho:
(2) “Hija mía, ¡qué corrupción en los pueblos, qué torcidos senderos recorren!, pero en esto
ha influido el mal ejemplo de las cabezas, mientras que en quien posee la mínima de cualquier
autoridad, el espíritu de desinterés debería ser luz para hacerlo distinguir que es cabeza, y la
justicia ejercitada por él debería ser como fulgor para herir los ojos de los presentes, de modo
de no poder separarlos de él y de sus ejemplos”.
(3) Dicho esto ha desaparecido.
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