4-111
Febrero 24, 1902
La Reina Mamá le habla de sus dolores.
Continúa hablando acerca del divorcio.
(1) Estando en mi habitual estado, ha venido la Reina Madre y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mis dolores, como dicen los profetas, fueron un mar de dolores, y en el Cielo se
han cambiado en un mar de gloria, y cada uno de mis dolores ha fructificado otros tantos tesoros
de gracia; y así como en la tierra me llaman estrella del mar, que con seguridad guía al puerto,
así en el Cielo me llaman estrella de luz para todos los bienaventurados, de modo que son
recreados por esta luz que me produjeron mis dolores”.
(3) Mientras estaba en esto ha venido mi adorable Jesús diciéndome:
(4) “Amada mía, no hay cosa que me sea más querida y agradable que un corazón justo que
me ama, y viéndome sufrir me pide sufrir ella lo que sufro Yo, esto me ata tanto, y tiene tanta
fuerza sobre mi corazón, que por recompensa le doy todo Yo mismo, y le concedo las gracias
más grandes y lo que ella quiere; y si no hiciera esto, habiéndole hecho donación de Mí, siento
que por cuantas cosas no le doy, tantos hurtos le hago, o sea, tantas deudas contraigo con ella”.
(5) Después me ha transportado fuera de mí misma, y Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, hay ciertas ofensas que superan por mucho los mismos sufrimientos que sufrí
en mi Pasión, como el día de hoy en que he recibido varias, que si no vertiera parte, mi justicia
me obligaría a mandar sobre la tierra fieros flagelos; por eso déjame verter en ti”.
(7) Después de que vertió, no sé como, oyéndolo hablar de las ofensas le he dicho: “Señor,
esta ley del divorcio que dicen, ¿es cierto que no la confirmarán?”
(8) Y Él: “Por ahora es cierto, porque después, de aquí a cinco, diez, veinte años, o que te
suspenda de víctima o te pueda llamar al Cielo, podrán hacerlo, pero el prodigio de encadenar
su voluntad y de confundirlos, por ahora lo he hecho; pero si supieras la rabia que tienen los
demonios y aquellos que querían esta ley, que tenían por seguro obtenerla, es tanta, que si
pudieran destruirían cualquier autoridad y harían estragos por todas partes. Entonces para
mitigar esta rabia y para impedir en parte estos estragos, ¿quieres tú exponerte un poco a su
furor?”
(9) Y yo: “Sí, a condición que vengas conmigo”. Y así hemos ido a un lugar donde estaban
demonios y personas que parecían furibundos, enfurecidos y enloquecidos; en cuanto me vieron
han corrido sobre mí como tantos lobos, y quien me golpeaba, quien me desgarraba las carnes,
habrían querido destruirme, pero no tenían el poder. Pero yo, si bien he sufrido mucho, no los
temía porque tenía a Jesús conmigo. Después de esto me he reencontrado en mí misma, llena
de varias penas. Sea siempre bendito el Señor.
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4-112
Marzo 2, 1902
Efectos de la fe.
(1) Esta mañana me sentía toda pensativa, como si el Señor quisiera nuevamente sustraerme
su presencia, y por tanto quitarme los sufrimientos, también sentía un poco de desconfianza.
Entonces, después de mucho esperar, en cuanto ha venido me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien de la fe se nutre adquiere vida divina, y adquiriendo vida divina destruye
la humana, esto es, destruye en sí los gérmenes que produjo la culpa original, readquiriendo la