distinguir bien por el lugar que ocupan, y estas estrellas no son otra cosa que alguna gloria
grande que le han procurado a Dios, y al mismo tiempo, por su medio un bien grande a la
humanidad. Tú quieres que obre un prodigio para no dejar que se confirme este divorcio, pues
de otra manera no se podría evitar esto, pues bien, por amor tuyo realizaré este prodigio, y esta
será la estrella más refulgente que resplandecerá en tu corona, esto es, por haber impedido con
tus sufrimientos que mi justicia, en estos tristes tiempos, a las tantas maldades que cometen,
permita también este mal que ellos mismos han querido. Así que, ¿se puede dar gloria más
grande a Dios y más bien a los hombres?”
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4-108
Febrero 17, 1902
Le explica qué cosa es la muerte.
(1) Esta mañana, después de haber esperado mucho, finalmente he encontrado a mi
dulcísimo Jesús y quejándome con Él le he dicho: “Amado Bien mío, ¿cómo me haces esperar
tanto? ¿Acaso no sabes que sin Ti no puedo vivir y mi alma siente un continuo morir?”
(2) Y Él: “Amada mía, cada vez que tú me buscas a Mí, te dispones a morir, porque en realidad,
¿qué cosa es la muerte sino la unión estable y permanente Conmigo? Tal fue mi vida, un
continuo morir por amor tuyo, y esta continua muerte fue la preparación al gran sacrificio de
morir en la cruz por ti. Debes saber que quien vive en mi Humanidad y se alimenta de las obras
de Ella, forma de sí mismo un gran árbol, lleno de flores y frutos abundantes, y éstos forman el
alimento de Dios y del alma. Quien vive fuera de mi Humanidad, sus obras son odiosas a Dios
e infructuosas para sí mismo”.
(3) Después de esto, el Señor ha vertido abundantemente en mí amarguras y dulzuras
mezcladas, luego giramos un poco en medio de las gentes, y yo no podía separar mi mirada del
rostro de mi amado Jesús, y Él viendo esto me ha dicho:
(4) “Hija mía, quien se deja seducir por las obras del Creador, deja suspendidas las obras de
las criaturas”.
(5) Él ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma.
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4-109
Febrero 19, 1902
El alma es como tela que recibe en sí el retrato de la imagen divina.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver que dormía en mi
interior, irradiando de Sí muchos rayos de luz dorados. Yo estaba contenta de verlo, pero al
mismo tiempo descontenta por no poder oír la dulzura y suavidad de su voz creadora. Entonces,
después de mucho esperar ha vuelto a hacerse ver, y viendo mi descontento me ha dicho:
(2) “Hija mía, en el ministerio público es necesario el uso de la voz para hacerme entender,
pero en el ministerio privado mi sola presencia basta para todo, porque verme y entender la
armonía de mis virtudes para copiarlas en sí misma, es lo mismo, por lo tanto la atención del
alma debe estar en verme y en uniformarse en todo a las operaciones interiores del Verbo,
porque cuando Yo atraigo al alma a Mí, se puede decir, al menos por ese tiempo, que la tengo
en mi presencia, que hace vida divina. Siendo mi luz como pincel para pintar, mis virtudes