4-102
Enero 14, 1902
No se es digno de Jesús si no se vacía de todo.
En qué consiste la verdadera exaltación.
(1) Estando en mi habitual estado ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no puede ser verdaderamente digno de Mí, sino sólo quien ha vaciado todo de
dentro de sí, y se ha llenado todo de Mí, de modo de formar de sí mismo un objeto todo de amor
divino, tanto, que mi amor debe llegar a formar su vida y a amarme no con su amor, sino con mi
amor”.
(3) Después ha agregado: “¿Qué significan aquellas palabras: “Ha depuesto del trono a los
poderosos y ha exaltado a los pequeños?” Que el alma destruyéndose del todo a sí misma se
llena toda de Dios, y amando a Dios con Dios mismo, Dios exalta al alma a un amor eterno, y
esta es la verdadera y la más grande exaltación y a la vez la verdadera humildad”.
(4) Después ha continuado: “La verdadera señal para conocer si se posee este amor, es si el
alma no se ocupa de ninguna otra cosa más que de amar a Dios, de hacerlo conocer, y hacer
que todos lo amen”.
(5) Después, retirándose en mi interior he oído que rezaba diciendo:
(6) “Siempre Santa e indivisible Trinidad, os adoro profundamente, os amo intensamente, os
agradezco perpetuamente por todos y en los corazones de todos”.
(7) Y así la he pasado, oyendo casi siempre que rezaba dentro de mí y yo junto con Él.
+ + + +
4-103
Enero 25, 1902
La fiebre del amor hace emprender al alma
el vuelo hacia el Cielo. Reproches de Jesús.
(1) Esta mañana después de haber esperado mucho, ha venido mi adorable Jesús, y apenas
lo he visto le he dicho: “Amado Bien mío, no puedo más, llévame de una vez para siempre
contigo al Cielo, o bien quédate para siempre conmigo sobre esta tierra”.
(2) Y Él: “Hazme observar hasta donde ha llegado la fiebre de tu amor, porque así como la
fiebre natural cuando llega a un grado alto tiene virtud de consumir el cuerpo y hacerlo morir,
así la fiebre del amor, si llega a un grado altísimo tiene virtud de deshacer el cuerpo y hacer
tomar el vuelo al alma, nada menos que hacia el Cielo”.
(3) Y mientras esto decía ha tomado mi corazón entre sus manos como para revisarlo, y
prosiguió diciéndome:
(4) “Hija mía, la fuerza de la fiebre del amor no ha llegado al punto; se necesita otro poco”.
(5) Después hacía ver que quería verter, pero yo no le decía nada, y Él, casi reprochándome,
dulcemente ha agregado:
(6) “¿No sabes tu deber? ¿No sabes que la primera cosa que deberías hacer al verme, es ver
si hay en Mí alguna cosa que me aflige y amarga y pedirme que la vierta sobre ti? Este es el
verdadero amor, sufrir las penas de la persona amada, para poder ver en todo contenta a la
persona que se ama”.
(7) Yo, avergonzándome de esto he dicho: “Señor, vierte”. Y Él ha vertido y ha desaparecido.