4-99
Enero 6, 1902
Efectos portentosos del unir nuestra vida con
la de Jesús. Dos palabras sobre la muerte.
(1) Estando en mi habitual estado, después de haber esperado mucho, vino por poco mi
amadísimo Jesús, y poniéndose junto a mí me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien busca uniformarse en todo a mi vida, no hace otra cosa que agregar un
perfume de más y distinto a todo lo que hice en mi vida, de modo de perfumar el Cielo, toda la
Iglesia, y aun los mismos malos sienten exhalar este perfume celestial, tanto, que todos los
santos no son otra cosa que tantos perfumes, y lo que más regocija a la Iglesia y al Cielo es que
son distintos entre ellos. No sólo esto, sino que quien busca continuar mi vida, obrando lo que
hice, hasta donde puede, y donde no puede, al menos con el deseo y con la intención, Yo lo
tengo en mis manos como si estuviera continuando toda mi vida en dicha alma, no como cosa
pasada, sino como si en el presente viviera, y esto es un tesoro en mis manos, que duplicando
el tesoro de todo lo que obré, lo dispongo para bien de todo el género humano. Entonces, ¿no
quisieras tú ser uno de éstos?”
(3) Yo me he sentido toda confundida y no he sabido qué responder, y Jesús ha desaparecido;
pero poco después ha vuelto, y al mismo tiempo veía varias personas que temían mucho a la
muerte. Entonces yo, viendo esto he dicho: “Amable Jesús mío, ¿será defecto en mí este no
temer la muerte, mientras veo que tanto la temen los demás?, y yo en cambio, pensando sólo
en que la muerte me unirá para siempre Contigo y terminará el martirio de mi dura separación,
el pensamiento de la muerte no sólo no me da ningún temor, sino que me es de alivio, me da
paz y hago fiesta por ello, dejando de lado todas las demás consecuencias que lleva consigo la
muerte”.
(4) Y Jesús: “Hija, en verdad ese temor extravagante de morir es locura, ya que cada uno
tiene todos mis méritos, virtudes y obras como pasaporte para entrar al Cielo, habiéndoselos
dado en donación a todos, y mucho más si aprovechando esta donación mía ha agregado lo
suyo, y con todas estas cosas, ¿qué temor se puede tener de la muerte? Mientras que con este
segurísimo pasaporte el alma puede entrar donde quiera, y todos por consideración del
pasaporte la respetan y le dan el paso. En cuanto a ti, este no temer para nada la muerte es por
haber tratado Conmigo, y haber experimentado cómo es dulce y amada la unión con el sumo
Bien, pero debes saber que el homenaje más agradable que se me pueda ofrecer, es desear
morir para unirse Conmigo, y es la más bella disposición del alma para purgarse y sin ningún
intervalo pasar directamente por el camino al Cielo”.
Dicho esto ha desaparecido.
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4-100
Enero 11, 1902
El amor para ser perfecto debe ser triple. Habla del divorcio.
(1) Esta mañana, habiendo recibido la santa comunión, por un poco he visto a mi adorable
Jesús, y yo, en cuanto lo vi le dije: “Dulce Bien mío, dime, ¿continúas amándome?”
(2) Y Él: “Sí, pero soy amante y celoso, celoso y amante, más bien te digo que para ser
perfecto el amor debe ser triple, y en Mí hay esta triple condición de amor: Primero, te amo como
Creador, como Redentor y como Amante. Segundo, te amo en mi omnipotencia, que me sirvió