(3) Después de esto parecía que me transportaba fuera de mí misma, y desde lejos se veía
una multitud de personas, de la cual venía una peste insoportable y Jesús ha dicho:
(4) “Hija mía, qué escisión harán los sacerdotes entre ellos, y esto será el último golpe para
fomentar entre los pueblos partidos y revoluciones”.
(5) Y lo decía tan amargado que daba compasión. Después de esto, recordándome de mi
estado le he dicho: “Dime Señor mío, ¿quieres que me haga dar la obediencia para terminar de
estar en este estado? Sobre todo que no sufriendo más como antes me siento inútil”. Y Él me
ha respondido:
(6) “Justo”.
(7) Pero muy afligido, y mi corazón quedó inquieto como si no hubiera querido que me hubiera
dicho eso. Entonces he replicado: “Pero Señor, no porque yo quiera salir, sino que quiero
conocer tu Santo Querer, porque como mi estado era porque Tú venías a mí y me participabas
tus sufrimientos, habiendo cesado esto, temo que ni siquiera quisieras que continúe estando en
la cama”. Y Jesús ha dicho:
(8) “Tienes razón, tienes razón”.
(9)¿Pero qué? El corazón me lo sentía romper por las respuestas que me daba Jesús bendito,
y he agregado: “Pero mi Señor, dime al menos cual es mayor gloria para Ti, ¿que continúe
estando así aunque tenga que morir, o que me haga dar la obediencia que termine mi estado?”
Y Jesús, viendo que no terminaba con esto, Él mismo ha cambiado tema diciéndome:
(10) “Hija mía, me siento ofendido por todos, mira, aun las almas devotas tienen los ojos fijos
para examinar si lo que hacen es o no es culpa, pero enmendarse, extirpar la culpa, eso no, y
esto es señal de que no hay ni dolor ni amor, porque el dolor y el amor son dos ungüentos
eficacísimos, que aplicados al alma la dejan perfectamente curada; y uno corrobora y fortifica
mayormente al otro”.
(11) Pero yo pensaba en mi pobre situación, y quería decirle de nuevo para conocer la
Voluntad del Señor con claridad; pero Jesús me ha desaparecido, y yo retornando en mí misma
me veía toda confundida sobre qué hacer, entonces para estar segura he expuesto todo a la
obediencia, la cual quiere que continúe estando en mi estado. Sea siempre hecha la Voluntad
del Señor.
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4-98
Diciembre 29, 1901
Las tribulaciones son necesarias a quien vive a la sombra de Jesús.
(1) Estando toda oprimida, apenas he visto a mi adorable Jesús, el cual mirándome me ha
dicho:
(2) “Hija mía, para quien vive a mi sombra es necesario que soplen los vientos de las
tribulaciones, a fin de que el aire infectado de alrededor no pueda penetrar en él aunque esté
bajo mi sombra; así que los vientos continuos, agitando siempre este aire malsano, lo tienen
siempre lejano y hacen soplar un aire purísimo y saludable”.
(3) Al terminar ha desaparecido, y yo comprendía muchas cosas sobre esto, pero no es
necesario explicarlas porque creo que es fácil comprender el significado.
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