4-91
Octubre 8, 1901
Cuando el alma obra unida con Jesús, sus actos tienen
los mismos efectos del obrar de Él. Valor de la intención.
(1) Esta mañana he padecido mucho por esperar a mi adorable Jesús, pero mientras lo
esperaba hacía cuanto más podía por unir todo lo que estaba haciendo en mi interior con el
interior de Nuestro Señor, intentando darle toda aquella gloria y reparación que le daba su
Humanidad Santísima. Ahora, mientras esto hacía, el bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando el alma se sirve de mi Humanidad como medio para obrar, aunque sea
sólo un pensamiento, un respiro, un acto cualquiera, son como tantas gemas que salen de mi
Humanidad y se presentan ante la Divinidad, y como salen por medio de mi Humanidad, tienen
los mismos efectos de mi obrar cuando estaba sobre la tierra”.
(3) Y yo: “¡Ah Señor! siento como una duda, ¿cómo puede ser que con la simple intención en
el obrar, aun en las más mínimas cosas, mientras que considerándolas son cosas de nada,
vacías, y parece que la sola intención de la unión Contigo y de agradarte sólo a Ti, las llena, y
Tú las elevas en aquel modo supremo haciéndolas aparecer como cosas grandísimas?”
(4) “¡Ah hija mía! Vacío es el obrar de la criatura, aunque fuese una obra grande; es la unión
Conmigo y la simple intención de agradarme a Mí lo que lo llena, y como mi obrar, aunque fuese
un respiro, excede en modo infinito a todas las obras de las criaturas juntas, he aquí la causa
que lo hace tan grande, y además, ¿no sabes tú que quien se sirve de mi Humanidad como
medio para obrar sus acciones, viene a nutrirse de los frutos de mi misma Humanidad, y a
alimentarse de mi mismo alimento? Además de esto, ¿no es acaso la buena intención lo que
hace al hombre santo, y la mala intención lo que lo hace perverso? No siempre se hacen cosas
diversas, sino que con las mismas acciones uno se santifica y el otro se pervierte”.
(5) Mientras decía esto, veía dentro de nuestro Señor un árbol verde, lleno de bellos frutos, y
a aquellas almas que obraban para agradar sólo a Dios y por medio de su Humanidad las veía
dentro de Él, sobre de este árbol, y su Humanidad servía de habitación a estas almas. ¡Pero qué
escasísimo era su número!
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4-92
Octubre 11, 1901
Silencio de Jesús. El alimento más necesario es la paz.
(1) Habiendo pasado varios días de privación y de silencio, esta mañana al venir continuaba
su silencio, y si bien lo he tenido casi siempre conmigo, por cuanto he hecho no he logrado
hacerlo decir una sola palabra, parecía que tenía una cosa en su interior que lo amargaba, tanto,
que lo dejaba taciturno y no quería que yo lo supiera. Ahora, mientras Jesús estaba conmigo,
me pareció ver a la Reina Mamá, y al ver a Jesús conmigo me ha dicho:
(2) “¿Tú lo tienes? Menos mal que está contigo, porque si debe desahogar su justo furor,
estando contigo lo detienes; hija mía, pídele que detenga los flagelos, porque los malos están
todos listos para salir, pero se ven atados por una potencia suprema que lo impide, y también
porque si la justicia divina no permite que lo hagan cuando les plazca a ellos, se tendrá este
bien, que conocerán la autoridad divina sobre ellos y dirán: “Lo hemos hecho porque nos ha sido
dado el poder de lo alto”. Hija mía, qué guerra se encuba en el mundo moral, da horror verlo; no
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