(4) “Todo el triunfo y la gloria serán de la cruz, de otra manera los remedios empeorarán los
mismos males; por lo tanto la cruz, la cruz”.
(5) ¿Quién puede decir cómo he quedado afligida y pensativa en lo que podrá suceder?
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4-89
Octubre 2, 1901
Jesús la lleva al Cielo y los ángeles le piden que la haga
conocer a todas las gentes. Ella nada en Dios y
trata de comprender el interior Divino.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha transportado fuera de mí misma, en
medio de las gentes; ¿quién puede decir los males, los horrores que se veían? Entonces todo
afligido me ha dicho:
(2) “Hija mía, qué peste exhala la tierra; mientras que debería ser una con el Cielo, y como en
el Cielo no se hace otra cosa que amarme, alabarme, agradecerme, el eco del Cielo debería
absorber la tierra y formar uno solo, pero la tierra se ha vuelto insoportable, por eso ven tú y
únete con el Cielo, y a nombre de todos ven a darme una satisfacción por ellos”.
(3) En un instante me he encontrado en medio de los ángeles y santos; no sé decir como me
he sentido una infusión de lo que cantaban y decían los ángeles y los santos, y yo a la par de
ellos he hecho mi parte a nombre de toda la tierra. Mi dulce Jesús todo contento, después de
esto dijo dirigiéndose a todos:
(4) “He aquí de la tierra una nota angélica, cómo me siento satisfecho”.
(5) Y mientras esto decía, como para recompensarme me ha tomado entre sus brazos, me
besaba y besaba, y me mostraba a toda la corte Celestial como objeto de sus más queridas
complacencias. Al ver esto, los ángeles han dicho:
(6) “Señor, te pedimos que muestres lo que has obrado en esta alma a las gentes con una
señal prodigiosa de vuestra omnipotencia, para gloria vuestra y para el bien de las almas, no
tengas más escondidos los tesoros derramados en ella, y así viendo y tocando ellos mismos
vuestra omnipotencia en otra criatura, pueda servir de arrepentimiento a los malos y de mayor
estímulo a quien quiere ser bueno”.
(7) Yo al oír esto me sentí sorprender por un temor, y toda anulándome, tanto que me veía
como un pequeño pececillo, me he arrojado en el corazón de Jesús diciendo: “Señor, no quiero
otra cosa que a Ti y estar escondida en Ti; y esto te he pedido siempre, y esto te pido que me
confirmes”. Y dicho esto me he encerrado en el interior de Jesús, como nadando en los
vastísimos mares del interior de Dios. Y Jesús ha dicho a todos:
(8) “¿No la habéis escuchado? No quiere otra cosa que a Mí y estar escondida en Mí, este es
su más grande contento; y Yo al ver una intención tan pura me siento más atraído hacia ella, y
viendo su disgusto si mostrase a las gentes con una señal prodigiosa mi obra, para no
entristecerla no os concedo lo que me habéis pedido”.
(9) Los ángeles parecía que insistían, pero yo no he prestado atención a ninguno, no hacía
otra cosa que nadar en Dios para comprender el interior Divino, pero qué, me parecía ser como
un niñito que quiere tomar en su pequeña manita un objeto de desmesurada grandeza, que
mientras lo toma se le escapa y apenas logra tocarlo, así que no puede decir ni cuánto pesa, ni
qué amplitud tenía aquel objeto; o bien como otro niño que no conociendo toda la profundidad
de los estudios, dice con ansias que quiere aprender todo en breve tiempo, y apenas logra
aprender las primeras letras del alfabeto. Así la criatura no puede decir otra cosa que: “Lo he
tocado, es bello, es grande, no hay bien que no posea.” Pero qué tan bello es, cuánta grandeza