(3) Después de esto Jesús se ponía a reposar sobre mi corazón, y yo sobre el corazón de Él,
y parecía que Jesús tomaba el respiro de mí, y yo lo tomaba por medio de Jesús. ¡Qué felicidad,
qué gozo, qué vida celestial experimentaba en esa posición! Sea siempre agradecido y
bendecido el Señor, que tanta misericordia usa con esta pecadora.
+ + + +
4-87
Septiembre 14, 1901
El principio y el fin de nuestras acciones debe ser el amor de Dios.
(1) Después de haber pasado varios días de privación, hoy, mientras me disponía a hacer la
meditación, mi mente se distrajo en otra cosa, y por medio de una luz comprendía que el alma
al salir del cuerpo entra en Dios; y como Dios es purísimo amor, el alma entra en Dios sólo
cuando es un complejo de amor, porque Dios a ninguno recibe en Sí si no es en todo semejante
a Él, y encontrándola complejo de amor la recibe y le participa todas sus dotes. Así que
estaremos en Dios más allá del cielo, como aquí estamos en nuestra propia habitación.
(2) Ahora, esto me parecía que se podría hacer también en el curso de nuestra vida para
ahorrar trabajo al fuego del purgatorio, y a nosotros la pena, y así ser introducidos
inmediatamente, sin ninguna dificultad, en nuestro sumo Bien Dios. Entonces me parecía que el
alimento del fuego es la leña, y para estar seguro que la leña se ha convertido en fuego, es
cuando se advierte que ya no produce humo. Ahora, principio y fin de todas nuestras acciones
debe ser el fuego del amor de Dios; la leña que debe alimentar este fuego son las cruces, las
mortificaciones; el humo que se eleva entre la leña y el fuego son las pasiones, las inclinaciones,
que muy frecuentemente asoman la cabeza; entonces la señal de que todo en nosotros se ha
consumido en fuego, es si nuestras pasiones están en su lugar y no sentimos más inclinaciones
a todo lo que no se refiere a Dios.
(3) Parece que con esto pasaremos libremente, sin ningún obstáculo a habitar en nuestro
Dios, y llegaremos aun desde acá a gozar el paraíso anticipado.
+ + + +
4-88
Septiembre 15, 1901
Huyendo de la cruz se permanece en lo oscuro.
(1) Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido glorioso, con las llagas resplandecientes más
que sol y con una cruz en la mano. Mientras estaba en esto veía también una rueda de la que
salían cuatro ángulos; parecía que en un ángulo escapaba la luz y quedaba a oscuras, en esta
oscuridad quedaba la gente como abandonada por Dios y sucedían guerras sangrientas contra
la Iglesia y contra la gente misma. ¡Ah!, parecía que las cosas dichas antes por Jesús bendito
se van acercando a pasos veloces. Ahora, Nuestro Señor viendo todo esto, movido a compasión
se ha acercado a la parte oscura y arrojó encima la cruz que tenía en la mano, diciendo con voz
sonora:
(2) “Gloria a la cruz”.
(3) Y parecía que aquella cruz llamaba de nuevo la luz, y los pueblos sacudiéndose imploraban
ayuda y socorro. Y Jesús ha repetido: