cuán amable y deseable eres, ¿cómo es posible que los hombres no te amen, más bien te
ofenden? Amándote a Ti todo se encuentra, y el amarte contiene todos los bienes, y no
amándote todo bien nos desaparece, sin embargo, ¿quién es aquél que te ama? Pero ah, tesoro
mío amadísimo, haz a un lado las ofensas de los hombres y por un poco desahoguémonos en
amor”. Entonces Jesús ha llamado a toda la corte celestial a ser espectadora de nuestro amor,
y ha dicho:
(2) “El amor de todo el Cielo no sería suficiente pago, ni me haría feliz, si no estuviera el tuyo
unido, mucho más que ese amor es propiedad mía que nadie me puede quitar, pero el amor de
los viadores es como propiedad que estoy en acto de adquirir, y como mi Gracia es parte de Mí
mismo, al entrar en los corazones, siendo mi Ser activísimo, los viadores pueden comerciar con
el amor, y este comercio engrandece las propiedades de mi amor, y Yo siento tal gusto y placer,
que faltándome éste quedaría amargado. Por eso es que sin tu amor, el amor de todo el Cielo
no me dejaría plenamente contento, y tú debes saber comerciar bien con mi amor, porque
amándome en todo me harás feliz y contento”.
(3) Quién puede decir cómo he quedado asombrada al oír esto, y cuántas cosas comprendía
sobre este amor, pero mi lengua se vuelve balbuceante, por eso pongo punto.
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4-81
Agosto 21, 1901
La Celestial Mamá le enseña el secreto de la felicidad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y después
de haber girado y girado en busca de Jesús, he encontrado en cambio a la Reina Mamá, y
oprimida y cansada como estaba le he dicho: “Dulcísima Mamá mía, he perdido el camino para
encontrar a Jesús, no sé más a donde ir ni qué hacer para encontrarlo de nuevo”. Y mientras
esto decía lloraba, y Ella me ha dicho:
(2) “Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás el camino a Jesús, es más, quiero enseñarte el
secreto para poder estar siempre con Jesús y para vivir siempre contenta y feliz aun sobre esta
tierra, y éste es, tener fijo en tu interior que sólo Jesús y tú están en el mundo, y nadie más, y
sólo a Él debes agradar, complacer y amar, y sólo de Él debes esperar ser amada y contentada
en todo. Estando en este modo tú y Jesús, no te hará más impresión si estarás circundada de
desprecios o alabanzas, de parientes o extraños, de amigos o enemigos, sólo Jesús será todo
tu contento y sólo Jesús te bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto que todo lo que existe
acá abajo no desaparezca del todo del alma, no se puede encontrar verdadero y perpetuo
contento”.
(3) Ahora, mientras esto decía, como de dentro de un rayo ha salido Jesús en medio de
nosotras, y yo lo he tomado, lo he llevado conmigo y me he encontrado en mí misma.
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