4-76
Julio 27, 1901
Dudas del confesor, respuesta de Jesús.
(1) Habiendo tenido algunas dudas el confesor, al venir el bendito Jesús lo veía junto a él, y
le iba diciendo:
(2) “Mi obrar está siempre apoyado en la verdad, y si bien muchas veces parece oscuro, bajo
enigmas, sin embargo no se puede hacer menos que decir que es la verdad, y si bien la criatura
no entiende con claridad mi obrar, esto no destruye la verdad, más bien hace comprender mucho
mejor que es modo de obrar divino, porque siendo la criatura finita no puede abrazar y
comprender lo infinito, a lo más puede comprender y abrazar algún destello, así como en tantas
cosas dichas por Mí en las escrituras, y mi modo de obrar en los santos, ¿han sido tal vez
comprendidas con toda claridad? ¡Oh! cuántas cosas han dejado en la oscuridad y en el enigma.
¿Sin embargo cuántas mentes de doctos y sabios se han fatigado en interpretarlas? ¿Y qué
cosa han comprendido? Se puede decir que nada en comparación de lo que queda por conocer.
¿Esto acaso perjudica a la verdad? Para nada, más bien la hace resplandecer mayormente. Por
eso tu ojo debe estar atento a si hay la verdadera virtud, si se siente en todo, y aunque a veces
a lo oscuro, que esté la verdad, y de lo demás se necesita estar tranquilo y en santa paz”.
(3) Dicho esto ha desaparecido y yo he regresado en mí misma.
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4-77
Julio 30, 1901
Ve el mundo, y cómo la mayor parte son ciegos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, el bendito Jesús me ha transportado fuera de mí
misma en medio de mucha gente. ¡Qué ceguera! casi todos eran ciegos, unos pocos de corta
vista; apenas uno que otro se notaba como sol en medio de las estrellas, de vista agudísima,
todo concentrado en el Sol divino, y esta vista le era concedida porque la tenía fija en la luz del
Verbo Humanado. Jesús, compadeciéndose todo me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo ha arruinado al mundo la soberbia, ha llegado a destruir esa pequeña
lucecita de razón que todos llevan consigo desde que nacen; pero debes saber que la virtud que
más exalta Dios es la humildad, y la virtud que más exalta a la criatura ante Dios y ante los
hombres es la humildad”.
(3) Dicho esto ha desaparecido; más tarde ha regresado todo angustiado y afligido y ha
agregado:
(4) “Hija mía, están por suceder tres terribles castigos”.
(5) Y como relámpago ha desaparecido sin darme tiempo de decirle ni una palabra.
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