alegría insólita, jamás sentida, ¡cómo me sentía feliz! más bien me parecía encontrarme en la
plenitud de toda la felicidad. Ahora, mientras nos adentramos en esa luz, yo sentía temor,
hubiera querido alabarlo, agradecerlo, pero no sabiendo qué decir, he recitado tres Gloria Patri,
y Jesús respondía junto conmigo; pero apenas terminadas, como relámpago me he encontrado
en la mísera prisión de mi cuerpo. Ah Señor, ¿cómo es que tan poco ha durado mi felicidad?
Parece que es demasiado duro el barro de mi cuerpo, pues se necesita mucho para romperse,
e impide a mi alma marcharse de esta miserable tierra. Pero espero que algún golpe impetuoso
lo quiera no sólo romper, sino pulverizar, y entonces, no teniendo ya casa donde podernos estar
aquí, tengas compasión de mí y me acojas para siempre en la celestial morada.
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4-74
Julio 20, 1901
Cómo le es dulce a Jesús la voz del alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús no venía. Después de haber
esperado y haber casi perdido la esperanza de volverlo a ver, de improviso ha venido y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, tu voz me es dulce, como al pequeño pajarito le es dulce la voz de la madre que
regresa después de haberlo dejado para ir en busca del alimento para nutrirlo, y el pajarito al oír
su voz siente una dulzura y hace fiesta, y después de que la madre le pone el alimento en la
boca, se acurruca todo y se esconde bajo el ala materna para calentarse, librarse de las
inclemencias del tiempo y tomar reposo seguro; ¡oh! cómo le resulta querido y agradable al
pequeño pajarito este estarse bajo el ala materna. Así eres tú para Mí, eres ala que me calienta,
me repara, me defiende y me haces tomar seguro reposo. ¡Oh! cómo me es querido y agradable
el estarme debajo de esta ala”.
(3) Dicho esto ha desaparecido y yo he quedado toda confundida y llena de vergüenza
sabiéndome tan mala, pero la obediencia ha querido acrecentar mi confusión queriendo que
escribiera esto. Sea hecha siempre la Santísima Voluntad de Dios.
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4-75
Julio 23, 1901
Jesús habla de su Voluntad y de la caridad.
(1) Encontrándome con muchas dudas acerca de mi estado, al venir mi adorable Jesús me
ha dicho:
(2) “Hija, no temas, lo que te recomiendo es que estés siempre uniformada a mi Voluntad,
porque cuando en el alma está la Voluntad Divina, no tienen fuerza de entrar en ella ni la voluntad
diabólica ni la humana, para hacerse un juguete del alma”.
(3) Después de esto me parecía verlo crucificado, y habiéndome participado el Señor no sólo
sus penas, sino algunos sufrimientos de otra persona, ha agregado:
(4) “Esta es la verdadera caridad: Destruirse a sí mismo para dar la vida a otros, y tomar sobre
sí los males de los otros y darme los bienes propios”.
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