+ + + +
4-73
Julio 16, 1901
El principio del mal en el hombre. Diferencia entre el amor
de Jesús y el amor humano. Para entrar en el Cielo,
el alma debe estar toda transformada en Jesús.
(1) Después de varios días de privación, esta mañana se ha dignado venir transportándome
fuera de mí misma. Ahora, encontrándome ante Jesús bendito, veía mucha gente, y los males
de la generación presente. Mi adorable Jesús los miraba con compasión y dirigiéndose a mí me
ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber de dónde comenzó el mal en el hombre? El principio es que el
hombre en cuanto se conoce a sí mismo, o sea, empieza a adquirir el uso de la razón, se dice a
sí mismo: “Yo soy algo”, y creyéndose alguna cosa, se separa de Mí, no se fía de Mí que soy el
Todo, y toda la confianza y fuerza la toma de él mismo, y de esto sucede que pierde hasta todo
buen principio, y perdiendo el buen principio, ¿cuál será su fin? Imagínalo tú misma hija mía.
(3) Después, separándose de Mí que contengo todo bien, ¿qué puede esperar de bien el
hombre, siendo él un océano de mal? Sin Mí todo es corrupción, miseria y sin ninguna sombra
de verdadero bien, y esta es la sociedad presente”.
(4) Yo al oír esto sentía tal aflicción que no sabía expresarla, pero Jesús queriéndome consolar
me ha transportado a otra parte, y yo encontrándome sola con mi amado Jesús le he dicho:
“Dime, ¿me amas?”
(5) Y Él: “Sí”.
(6) Y yo: “No estoy contenta con el sí sólo, quisiera que me explicaras mejor cuánto me amas”.
(7) Y Él: “Es tanto mi amor por ti, que no sólo no tiene principio, sino que no tendrá fin, y en
estas dos palabras puedes comprender cuán grande, fuerte y constante es mi amor por ti”.
(8) He considerado todo esto por un poco de tiempo, y veía un abismo de distancia entre mi
amor y el suyo, y toda confundida he dicho: “Señor, ¡qué diferencia entre mi amor y el tuyo! El
mío no sólo tiene principio, sino que en el pasado veo vacíos en mi alma de no haberte amado”.
(9) Y Jesús compadeciéndome toda me ha dicho:
(10) “Amada mía, no puede haber igualdad entre el amor del Creador y el de la criatura; sin
embargo hoy te quiero decir una cosa que te será de consolación y que no has entendido: Debes
saber que cada alma durante todo el curso de su vida está obligada a amarme constantemente,
sin ningún intervalo, y no amándome siempre, quedan en el alma tantos vacíos por cuantos días,
horas, minutos ha dejado de amarme, y nadie podrá entrar al Cielo si no ha llenado estos vacíos,
y sólo podrá llenarlos, o amándome doblemente el resto de su vida, o si no alcanza los llenará
a fuerza de fuego en el purgatorio. Ahora, tú cuando estás privada de Mí, la privación del objeto
amado hace duplicar el amor, y con esto vienes a llenar los vacíos que hay en tu alma”.
(11) Después de esto le he dicho: “Dulce Bien mío, déjame ir junto contigo al Cielo, y si no
quieres para siempre, al menos por un poco, ¡ah, te lo pido, conténtame!” Y Él me ha dicho:
(12) “¿No sabes tú que para entrar en esa bienaventurada morada el alma debe estar toda
transformada en Mí, de manera que debe aparecer como otro Cristo? De otra manera, ¿qué
papel harías en medio de los demás bienaventurados? Tú misma tendrías vergüenza de estar
junto con ellos”.
(13) Y yo: “Es verdad que soy muy desemejante de Ti, pero si quieres puedes volverme tal”.
Entonces para contentarme me encerró toda en Él, de modo que no me veía más a mí misma,
sino a Jesucristo, y en este modo nos elevamos hacia el Cielo; llegados a un punto nos hemos
encontrado ante una luz indescriptible, delante a aquella luz se experimentaba nueva vida,
246 sig