vendrías a deshonrarme; y sucedería como a un rey que habitara dentro de un palacio muy
enriquecido, y por fuera se viera todo lleno de grietas, sucio, casi por derrumbarse; no dirían,
¿cómo habita un rey en este palacio si por fuera se ve tan feo, que hasta da temor acercarse?
¿Quién sabe qué rey será éste? ¿Y esto no sería un deshonor para aquel rey? Ahora, piensa
que si de ti sale alguna cosa que no sea virtud, lo mismo dirían de ti y de Mí, y Yo quedaría
deshonrado porque habito dentro”.
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4-71
Junio 30, 1901
Señales para saber si el alma posee la Gracia.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, por poco tiempo mi dulcísimo Jesús se ha hecho
ver todo fundido en mí, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber cuáles son las señales para conocer si el alma posee mi Gracia?”
(3) Y yo: “Señor, como le plazca a tu santísima bondad”.
(4) Entonces Él ha proseguido: “La primera señal para ver si el alma posee mi gracia, es que
todo lo que pueda oír o ver en el exterior, que pertenece a Dios, en el interior siente una dulzura,
una suavidad toda divina, no comparable a ninguna cosa humana y terrena; sucede como a una
madre, que aun al respiro, a la voz, conoce al parto de sus vísceras en la persona de un hijo y
se regocija de alegría; o como a dos íntimas amigas que conversando manifiestan
recíprocamente los mismos sentimientos, inclinaciones, alegrías, aflicciones, y encontrando
esculpidas una en la otra sus mismas cosas, sienten placer, gozo y se toman tanto amor que no
saben separarse. Así la gracia interna que reside en el alma, al ver exteriormente el parto de
sus mismas entrañas, o sea al hallarse en aquellas mismas cosas que forman su esencia, se
acoplan y hace sentir en el alma tal alegría y dulzura, que no se sabe expresar.
(5) La segunda señal es que el hablar del alma que posee la gracia es pacífico y tiene virtud
de arrojar en los demás la paz, tanto que las mismas cosas dichas por quien no posee la gracia,
no producen ninguna impresión y ninguna paz, mientras que dichas por quien posee la gracia
obran maravillosamente y restituyen la paz a las almas.
(6) Además hija mía, la gracia despoja al alma de todo, y de la humanidad hace un velo para
estar cubierta, de modo que roto ese velo se encuentra el paraíso en el alma de quien la posee.
Entonces, no es maravilla si en esa alma se encuentra la verdadera humildad, obediencia y
demás, porque de ella no queda otra cosa que un simple velo y ve con claridad que dentro de
ella está toda la gracia, que obra y que le tiene en orden todas las virtudes y la hace estar en
continua actitud para Dios”.
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4-72
Julio 5, 1901
Jesús es el principio, el medio y el fin de todos los deseos.
(1) Estando con temor sobre el estado de mi alma, de improviso ha venido mi adorable Jesús
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, porque Yo solo soy el principio, el medio y el fin de todos tus deseos”.
(3) Con estas palabras me he calmado en Jesús. Sea todo para gloria de Dios y bendito su
Santo Nombre.
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