(2) “¿Sabes qué quiero de ti? Te quiero en todo similar a Mí, así en el obrar como en la
intención; quiero que seas respetuosa con todos, porque respetar a todos da paz a sí mismo y
paz a los demás; que te tengas como la mínima de todos, y que todas mis enseñanzas las
rumies siempre en tu mente y las conserves en tu corazón, a fin de que en las diversas ocasiones
las encuentres siempre listas para servirte de ellas y ponerlas en ejecución, en suma, quiero que
tu vida sea un desbordamiento de la mía”.
(3) Y mientras esto decía, veía que por detrás del Señor descendía sobre la tierra un hielo y
un fuego que hacían daño a las cosechas, y al decir yo: “Señor ¿qué haces? ¡Pobre gente!” No
haciéndome caso ha desaparecido.
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4-69
Junio 13, 1901
La cruz y las tribulaciones son el pan de la bienaventuranza eterna.
(1) Después de un largo silencio por parte de mi adorable Jesús, en que a lo más decía alguna
cosa sobre los flagelos que quiere derramar, esta mañana encontrándome oprimida, cansada
por mi dura situación, especialmente por las continuas privaciones a las cuales estoy
frecuentemente sujeta, lo he visto por breves instantes y me ha dicho:
(2) “Hija mía, las cruces y las tribulaciones son el pan de la eterna bienaventuranza”.
(3) Por tanto comprendía que sufriendo mayormente, más abundante y más sabroso será el
pan que nos nutrirá en la celestial morada, o sea que por cuanto más se sufre, más garantía
recibimos de la futura gloria.
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4-70
Junio 18, 1901
Jesús exige su gloria de todas las partículas de nuestro
ser. Del estado de unión se pasa a la consumación.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, por unos instantes he visto a mi dulce Jesús, y me
he lamentado de mi pobre estado por sus privaciones, y de una especie de cansancio físico y
moral, como si me sintiera destrozar mi pobre naturaleza y que por todas partes me siento
desfallecer. Entonces, habiendo dicho todo esto a mi Jesús, me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas porque te sientes desfallecer por todas partes, ¿no sabes tú que todo
debe ser sacrificado por Mí, no sólo el alma sino también el cuerpo? ¿Y que de todas las mínimas
partes de ti Yo exijo mi gloria? Y además, ¿no sabes tú que del estado de unión se pasa a otro
que es el de la consumación? Es verdad que no vengo según mi costumbre para castigar a las
gentes, pero me sirvo de esto también para tu provecho, que es no sólo tenerte unida Conmigo,
sino de consumirte por amor mío. En efecto, no viniendo Yo y sintiéndote desfallecer por mi
ausencia, ¿no vienes a consumirte por Mí? Por lo demás, no tienes razón de afligirte, primero
porque cuando me ves es siempre de tu interior que me ves salir, y esto es una señal cierta que
estoy contigo, y después porque aun deben pasar días sin que puedas decir que me has visto
perfectamente”.
(3) Después de esto, tomando un tono de voz más dulce y benigno ha agregado:
(4) “Hija mía, te recomiendo mucho, mucho, que no hagas salir de ti ni el mínimo acto que no
sea paciencia, resignación, dulzura, igualdad de ti misma, tranquilidad en todo, de otra manera