¿Cómo haremos para estarnos sin Él? ¿Quién nos consolará habiendo perdido la fuente de toda
consolación? ¿Quién nos fortificará en la debilidad, quién nos corregirá y descubrirá nuestros
defectos, habiendo quedado privada de aquella luz, que más que hilo eléctrico penetraba los
más íntimos escondites, y con la dulzura más inefable corregía y sanaba nuestras llagas? Todo
es miseria, todo es escuálido, todo es tétrico sin Él, ¿cómo haremos?” Y aunque en el fondo de
mi voluntad me siento resignada y voy ofreciendo su misma privación como el sacrificio más
grande por amor suyo, todo lo demás me hace guerra continua y me ponen en tortura. ¡Ah Señor!
cuánto me cuesta el haberte conocido, y a qué alto precio me haces pagar tus pasadas visitas.
Ahora, estando en este estado, por breves instantes se ha hecho ver y me ha dicho:
(2) “Siendo mi Gracia parte de Mí mismo, poseyéndola tú, con razón y de estrecha necesidad
todo lo que forma tu ser no puede estar sin Mí, he aquí la razón por la que todo te pide a Mí y
eres torturada continuamente, porque estando embebida de Mí y llena sólo en parte de Mí
mismo, entonces no se están en paz, pues sólo tienen paz y quedan contentas cuando me
poseen no sólo en parte, sino en todo”.
(3) Y habiéndome lamentado de mi dura situación ha agregado:
(4) “También Yo en el curso de mi Pasión sentí un extremo abandono, si bien mi Voluntad
estuvo siempre unida con el Padre y con el Espíritu Santo; esto lo quise sufrir para divinizar en
todo la cruz, tanto, que contemplándome a Mí y contemplando la cruz, encontrarás el mismo
esplendor, las mismas enseñanzas y el mismo espejo en el cual podrías reflejarte
continuamente, sin diferencia entre uno y otro”.
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4-67
Abril 21, 1901
La necesidad de los castigos es para no permitir
que el hombre se corrompa mayormente.
(1) Continuando mi habitual estado, he visto a mi dulce Jesús con una cruz en la mano, en
actitud de arrojarla sobre las gentes y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el mundo es siempre corrupto, pero hay ciertos tiempos en que llega a tal
corrupción, que si Yo no derramara sobre las gentes parte de mi cruz, perecerían todos en la
corrupción, como fue en los tiempos en que vine Yo al mundo, la sola cruz salvó a muchos de
la corrupción en la cual estaban inmersos. Así en estos tiempos, ha llegado a tanto la corrupción,
que si Yo no vertiera los flagelos, las espinas, las cruces, haciéndoles derramar hasta la sangre,
quedarían sumergidos en las olas de la corrupción”.
(3) Y mientras esto decía parecía que agitaba aquella cruz sobre las gentes y sucedían
castigos.
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4-68
Abril 22, 1901
Jesús la instruye sobre la imitación de su Vida.
(1) Sintiéndome toda afligida y confundida, y casi sin esperanza de volver a ver a mi adorable
Jesús, de improviso ha venido y me ha dicho:
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