4-65
Abril 9, 1901
Si los fervores y virtudes no están bien arraigados en
la Humanidad de Jesús, ante las tribulaciones, ante
los infortunios, rápidamente se secan.
(1) Encontrándome en la plenitud del delirio, decía disparates, y creo que mezclaba también
defectos; mi pobre naturaleza sentía todo el peso de mi estado, la cama le parecía peor que el
estado de los condenados a las cárceles, hubiera querido desvincularse de este estado, con el
agregado de mi estribillo, que mi estado no es más Voluntad de Dios y por eso Jesús no viene,
e iba pensando lo que debía hacer. Mientras esto hacía, mi paciente Jesús ha salido de dentro
de mi interior, pero con un aspecto grave y serio que daba temor, y me ha dicho:
(2) “¿Qué piensas tú que habría hecho Yo si me encontrara en tu situación?”
(3) En mi interior decía: “Ciertamente la Voluntad de Dios”.
(4) Y Él de nuevo: “Pues bien, eso haz tú”.
(5) Y ha desaparecido. Era tanta la gravedad de Nuestro Señor, que en aquellas palabras que
dijo sentía toda la fuerza de su palabra, no sólo creadora, sino también destructora. Mi interior
ha quedado de tal manera sacudido, oprimido y amargado por estas palabras, que no hacía otra
cosa que llorar, especialmente recordaba la gravedad con la cual Jesús me había hablado y no
me atrevía a decirle “ven”.
(6) Ahora, estando durante el día en este estado he hecho mi meditación sin llamarlo, cuando
en lo mejor ha venido y con un aspecto dulce, todo cambiado en comparación de la mañana me
ha dicho:
(7) “Hija mía, ¡qué ruina, qué destrucción está por suceder!”
(8) Y mientras esto decía he sentido todo mi interior cambiado, porque no era por otra cosa
que no venía, sino por los castigos; y mientras estaba en esto veía a cuatro personas venerables
que lloraban ante las palabras que Jesús había dicho; pero Jesús bendito, como queriéndose
distraer dijo algunas pocas palabras sobre las virtudes:
(9) “Hay ciertos fervores y ciertas virtudes que se asemejan a aquellos arbustos que nacen en
torno a ciertos árboles, y que no estando bien arraigados en el tronco, un viento impetuoso, una
helada un poco fuerte y se secan, y si bien después de algún tiempo puede ser que reverdezcan
de nuevo, pero estando expuestos a la intemperie y por tanto a cambiarse, jamás llegan a ser
árboles hechos. Así son esos fervores y esas virtudes que no están bien arraigados en el tronco
del árbol de la obediencia, esto es, en el tronco del árbol de mi Humanidad que fue toda
obediencia, ante las tribulaciones, los infortunios, súbito se secan y jamás llegan a producir frutos
para la vida eterna”.
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4-66
Abril 19, 1901
Lamentos por la privación. Jesús la consuela
y le explica algo acerca de la Gracia.
(1) Continúo mis días privada de mi adorable Jesús, a lo más viene como sombra o como
rayo, mi pobre corazón está sobremanera amargado, siento tanto su privación, que todas mis
fibras, los nervios, mis huesos, hasta las gotas de mi sangre, me contienden continuamente y
me dicen: “¿Dónde está Jesús? ¡Cómo! ¿lo has perdido? ¿Qué has hecho que no viene más?