estando fuera de mí misma veía las cosas claras y distintas, pero encontrándome en mí misma
las veo todas confusas. Así que para evitar disparates termino.
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4-64
Abril 7, 1901
Ve la Resurrección de Jesús. Habla de la obediencia.
(1) Mi adorable Jesús continúa privándome de su presencia, siento una amargura y como
traspasado el corazón por un cuchillo, que me da tal dolor, de hacerme llorar y gritar como un
niño. ¡Ah! verdaderamente me parece haber llegado a ser como un niño, que por poco que se
aleje la madre llora y grita tanto, que trastorna toda la casa, y no hay ningún remedio para hacer
que deje de llorar mientras no se vea de nuevo en los brazos de la madre. Así soy yo, verdadera
niña en la virtud, que si me fuera posible trastornaría Cielos y tierra para encontrar a mi sumo y
único Bien, y sólo me calmo cuando me encuentro en posesión de Jesús. Pobre niña que soy,
siento todavía que los pañales de la infancia me cubren, no sé caminar por mí sola, soy muy
débil, no tengo la capacidad de los adultos que se dejan guiar por la razón, y esta es la suma
necesidad que tengo de estar con Jesús, con razón o sin razón, no quiero saber nada, lo que
quiero saber es que quiero a Jesús. Espero que el Señor quiera perdonar a esta pobre niñita,
que a veces comete desatinos.
(2) Entonces, encontrándome en este estado, por poco tiempo he visto a mi adorable Jesús
en el momento de su Resurrección, con un rostro tan resplandeciente que no se puede comparar
a ningún otro esplendor, y me parecía que la Humanidad Santísima de Nuestro Señor, si bien
era carne viva, pero estaba resplandeciente y transparente de modo que se veía con claridad la
Divinidad unida a la Humanidad. Ahora, mientras lo veía tan glorioso, una luz que venía de Él,
parecía que me dijera:
(3) “Tanta gloria le vino a mi Humanidad por medio de la perfecta obediencia, que destruyendo
del todo la naturaleza antigua Me dio la nueva naturaleza gloriosa e inmortal. Así el alma por
medio de la obediencia puede formar en sí la perfecta resurrección a las virtudes, como por
ejemplo: Si el alma está afligida, la obediencia la hará resurgir a la alegría; si está agitada, la
obediencia la hará resurgir a la paz; si tentada, la obediencia le suministrará la cadena más
fuerte para atar al enemigo y la hará resurgir victoriosa de las insidias diabólicas; si asediada
por pasiones y vicios, la obediencia matándolos la hará resurgir a las virtudes. Esto al alma, y a
su tiempo formará también la resurrección del cuerpo”.
(4) Después de esto la luz se ha retirado, Jesús ha desaparecido, y yo he quedado con tal
dolor, viéndome de nuevo privada de Él, que me sentía como si tuviera una fiebre ardiente que
me hace agitar y dar en delirio. ¡Ah Señor, dame la fuerza para aguantarte en estas tardanzas,
porque me siento desfallecer!
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