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4-62
Marzo 31, 1901
Inconstancia y volubilidad.
(1) Esta mañana, sintiéndome toda amargada, me veía aún tan mala que casi no me atrevía
a ir en busca de mi sumo y único Bien, pero el Señor no mirando mis miserias, se ha dignado
venir diciéndome:
(2) “Hija mía, es a Mí a quien quieres, pues bien, he venido a alegrarte, estémonos juntos,
pero estémonos en silencio”.
(3) Después de haber estado así por un poco, me ha transportado fuera de mí misma, y veía
que la Iglesia festejaba el día de las palmas, y Jesús rompiendo el silencio me ha dicho:
(4) “¡Cuánta volubilidad, cuánta inconstancia! Así como hoy gritaron hosanna proclamándome
como su Rey, otro día gritaron crucifícalo, crucifícalo. Hija mía, la cosa que más me disgusta es
la inconstancia y la volubilidad, porque esto es señal de que la verdad no ha tomado posesión
de tales almas, y aun en cosas de religión puede ser que encuentren su satisfacción, su propia
comodidad y el interés, o bien porque se encuentran en tal partido, pero mañana pueden cambiar
estas cosas y se pueden encontrar en medio de otros partidos, y he aquí que se desvían de la
religión, y sin disgusto se entregan a sectas; porque cuando la verdadera luz de la verdad entra
en un alma y se posesiona de un corazón, esta alma no está sujeta a inconstancia, más bien
todo lo sacrifica por amor de aquella y para hacerse dominar por ella, y con ánimo firme
desprecia todo lo demás que no pertenece a la verdad”.
(5) Y mientras esto decía, lloraba sobre la condición de la presente generación, que peor que
antes está sujeta a la inconstancia según soplan los vientos.
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4-63
Abril 5, 1901
Compadeciendo a la Mamá se compadece a Jesús.
En el calvario, en la crucifixión, ve en Jesús
a todas las generaciones.
(1) Continuando el estado de privación, esta mañana parece que lo he visto por un poco junto
con la Reina Madre, y como el adorable Jesús tenía la corona de espinas, se la he quitado y lo
compadecí todo; y mientras esto hacía me ha dicho:
(2) “Compadece al mismo tiempo a mi Madre, porque siendo mi sufrir la razón de sus dolores,
compadeciéndola a Ella vienes a compadecerme a Mí mismo”.
(3) Después de esto me parecía encontrarme en el monte Calvario en el momento de la
crucifixión de Nuestro Señor, y mientras sufría la crucifixión veía, no sé cómo, en Jesús a todas
las generaciones pasadas, presentes y futuras, y cómo Jesús teniéndonos a todos en Él, sentía
todas las ofensas que cada uno de nosotros le hacía y sufría por todos en general y por cada
individuo en particular, de modo que descubría también mis culpas y las penas que por mí sufría
especialmente, como también veía el remedio que a cada uno de nosotros, sin castigar a
ninguno, nos suministraba para nuestros males y para nuestra salvación eterna. ¿Pero quién
puede decir todo lo que veía en Jesús bendito? Desde el primero hasta el último hombre. Ahora,
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