4-60
Marzo 22, 1901
Ve los grandes pecados de Roma. Jesús
quiere castigar y ella se opone.
(1) Continuando mi estado de privación, y por tanto, de amarguras indecibles, esta mañana
mi adorable Jesús ha venido y me ha transportado fuera de mí misma, me parecía que fuera
Roma. Qué espectáculos se veían en todas las clases de personas, hasta en el Vaticano se
veían cosas que daban horror. ¿Y qué decir de los enemigos de la Iglesia? Cómo se roen de
rabia contra Ella, cuántos estragos van maquinando, pero no pueden efectuarlos porque Nuestro
Señor los tiene como atados todavía. Pero lo que más me ha espantado, es que veía a mi
amante Jesús casi en acto de darles la libertad. ¿Quién puede decir cuán consternada quedé?
Entonces, viendo Jesús mi consternación me ha dicho:
(2) “Hija, son absolutamente necesarios los castigos, en todas las clases ha entrado la
podredumbre y la gangrena, por lo que es necesario el fierro y el fuego para hacer que no
perezcan todos, por eso esta es la última vez que te digo que te conformes a mi Querer, y Yo te
prometo perdonar en parte”.
(3) Y yo: “Amado Bien mío, no tengo corazón para conformarme contigo en castigar a las
gentes”.
(4) Y Él: “Si tú no te conformas, siendo de absoluta necesidad hacer esto, Yo no vendré según
mi costumbre y no te manifestaré cuándo enviaré los castigos, y no sabiéndolo tú, y no
encontrando Yo quien de algún modo rompa mi justa indignación, daré libre desahogo a mi furor
y no tendrás ni siquiera el bien de hacer perdonar en parte el castigo. Además de esto, el no
venir y no derramar en ti aquellas gracias que habría querido derramar, es también una
amargura para Mí, como en estos días pasados en que no he venido tanto, tengo la gracia
contenida en Mí”.
(5) Y mientras esto decía mostraba que quería aligerarse, y acercándose a mi boca ha
derramado una leche dulcísima y ha desaparecido.
+ + + +
4-61
Marzo 30, 1901
Jesús le habla acerca de la Divina Voluntad y de la perseverancia.
(1) Continuando el estado de privación me sentía como un tedio y un cansancio de mi pobre
situación, y mi pobre naturaleza quería liberarse de dicho estado. Mi adorable Jesús teniendo
compasión de mí, ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto te retiras de mi Querer, así empiezas a vivir de ti misma, en cambio
si te estás fija en mi Voluntad, vivirás siempre de Mí mismo, muriendo del todo a ti misma”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, ten paciencia, resígnate en todo a mi Voluntad, y no por
poco sino siempre, siempre, porque sólo la perseverancia en el bien es lo que hace conocer si
el alma es verdaderamente virtuosa, sólo ella es la que une todas las virtudes, se puede decir
que sólo la perseverancia une perpetuamente a Dios y al alma, virtudes y gracias, y como
cadena se pone alrededor y atando todo junto forma el nudo segurísimo de la salvación; pero
donde no hay perseverancia hay mucho que temer”.
(4) Dicho esto ha desaparecido.