mío en él, y no reconociéndolo más, mi justicia lo condena a andar disperso en el camino de la
perdición”.
(3) Cuán tierno era oír hablar a Jesucristo sobre esto, cuántas cosas hacía comprender, pero
mi estado de sufrimientos no me permite escribir más extensamente.
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4-58
Marzo 8, 1901
Jesús le dice que la cruz lo hizo conocer como Dios.
Le explica acerca de la cruz del dolor y del amor.
(1) Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús bendito, esta mañana, encontrándome
más que nunca oprimida, al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros me hicieron
conocer con claridad como el Dios que soy, sino cuando fui puesto en la cruz y levantado sobre
ella como sobre mi propio trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la cruz reveló
al mundo y a todo el infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos,
y reconocieron a su Creador. Así que es la cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si
el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la cruz descubre todas las partes íntimas
del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”.
(3) Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la
otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve coros angélicos me aman, sin embargo
cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su coro
es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de mi amor, tanto que mi amor y el de
ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su
oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles
maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de mis complacencias”.
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4-59
Marzo 19, 1901
Le explica el modo de sufrir.
(1) Esta mañana, encontrándome toda oprimida y sufriente, sobre todo por la privación de mi
dulce Jesús, después de mucho esperar, en cuanto lo he visto me ha dicho:
(2) “Hija mía, el verdadero modo de sufrir es no mirar de quién vienen los sufrimientos, ni qué
cosa se sufre, sino al bien que debe venir de los sufrimientos; este fue mi modo de sufrir, no
miré ni a los verdugos, ni al sufrir, sino al bien que quería hacer por medio de mi sufrir, aun a
aquellos mismos que me daban el sufrimiento, y mirando el bien que debía producir a los
hombres desprecié todo lo demás, y con intrepidez seguí el curso de mi sufrir. Hija mía, este es
el modo más fácil y más provechoso para sufrir no sólo con paciencia, sino con ánimo invicto y
animoso”.
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