4-56
Febrero 10, 1901
La obediencia tiene una vista aguda, el
amor propio es muy corto de vista.
(1) Al venir mi adorable Jesús, se hacía ver con los ojos resplandecientes de vivísima y
purísima luz; yo he quedado cautivada y sorprendida ante aquella luz deslumbrante, y Jesús
viéndome tan cautivada, sin que le dijera nada me ha dicho:
(2) “Amada mía, la obediencia tiene la vista agudísima y vence en belleza y en penetración a
la misma luz del sol, mientras que el amor propio es muy corto de vista, tanto que no puede dar
un paso sin tropezar. Y no creas tú que esta vista agudísima la tienen las almas que están
siempre agitadas y haciendo escrúpulo de todo, más bien ésta es una red que les teje el amor
propio, porque siendo muy corto de vista, primero las hace caer y luego les suscita mil
turbaciones y escrúpulos, y lo que hoy detestan con tantos escrúpulos y temores, mañana caen
en eso nuevamente, tanto, que su vivir se reduce a estarse siempre sumergidos en esta red
artificiosa que les sabe tejer muy bien el amor propio, a diferencia de la vista agudísima de la
obediencia que es homicida del amor propio, porque siendo agudísima y clarísima,
inmediatamente prevé donde puede dar un paso en falso, y con ánimo generoso se abstiene de
darlo y goza la santa libertad de los hijos de Dios. Y así como las tinieblas atraen más tinieblas
y la luz atrae más luz, así esta luz llega a atraer la luz del Verbo, y uniéndose tejen la luz de
todas las virtudes”.
(3) Sorprendiéndome al oír esto he dicho: “Señor, ¿qué dices? A mí me parece que es
santidad ese modo de vivir escrupuloso”.
(4) Y Él con tono más serio ha agregado: “Más bien te digo que ésta es la verdadera marca
de la obediencia, y la otra es la verdadera marca del amor propio, y ese modo de vivir me mueve
más a indignación que a amor, porque cuando es la luz de la verdad la que hace ver una falta,
aun mínima, debería haber una enmienda, pero como es la vista corta del amor propio, no hace
otra cosa que tenerlas oprimidas, sin que avancen en el camino de la verdadera santidad”.
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4-57
Febrero 17, 1901
El hombre viene de Dios y debe regresar a Dios.
(1) Esta mañana, encontrándome toda oprimida y sufriente, he visto a mi amado Jesús, y a
muchas gentes sumergidas en muchas miserias, y Él rompiendo el silencio que tenía desde
hace muchos días me ha dicho:
(2) “Hija mía, el hombre primero nace en Mí, y por eso recibe la marca de la Divinidad, y
saliendo de Mí para renacer del seno materno le doy orden de caminar un pequeño tramo de
camino, y al término de ese camino, haciéndome encontrar por él, lo recibo de nuevo en Mí,
haciéndolo vivir eternamente Conmigo. Mira un poco cuán noble es el hombre, de donde viene,
a donde va y cuál es su destino. Ahora, ¿cuál debería ser la santidad de este hombre saliendo
de un Dios tan Santo? Pero el hombre al recorrer el camino para venir otra vez a Mí, destruye
en él lo que ha recibido de divino, se corrompe de modo que en el encuentro que tenemos para
recibirlo en Mí no lo reconozco más, no descubro más en él la marca divina, nada encuentro de