4-54
Febrero 5, 1901
Ve dos doncellas que sirven a la justicia:
La tolerancia y la disimulación.
(1) Esta mañana el bendito Jesús me ha transportado fuera de mí misma, se hacía ver en un
estado que movía a compasión aun a las piedras. ¡Oh! cómo sufría, y parecía que no pudiendo
aguantar más quería aliviarse un poco, casi como buscando ayuda. Mi pobre corazón me lo
sentía despedazar por la ternura, y enseguida le quité la corona de espinas poniéndomela yo
para darle alivio, luego le he dicho: “Dulce Bien mío, hace tiempo que no me has renovado las
penas de la cruz, te ruego que me las renueves hoy, así quedarás más aliviado”.
(2) Y Él: “Amada mía, para hacerlo es necesario preguntarle a la justicia para hacerlo, porque
han llegado a tanto las cosas que no puede permitir que tú sufras”.
(3) Yo no sabía cómo hacer para preguntarle a la justicia, cuando se han presentado dos
doncellas que parecía que servían a la justicia, una tenía nombre de tolerancia, la otra de
disimulación; y habiéndoles pedido a ellas que me crucificaran, la tolerancia me tomó una mano
y me la ha clavado, sin querer terminar. Entonces he dicho: “¡Oh! santa disimulación, termina tú
de crucificarme, ¿no ves que la tolerancia me ha dejado? Haz ver cómo eres más hábil en
disimular”. Entonces ha terminado de crucificarme, pero con tal espasmo que si el Señor no me
hubiera sostenido entre sus brazos, ciertamente habría muerto por el dolor. Después de esto, el
bendito Jesús ha agregado:
(4) “Hija, es necesario que a lo menos algunas veces sufras estas penas, si así no fuera, ¡ay
del mundo! ¿Qué sería de él?”
(5) Luego le pedí por varias personas y me he encontrado en mí misma.
+ + + +
4-55
Febrero 6, 1901
La perfecta complacencia de Jesús, es al
encontrarse a Sí mismo en el alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, el bendito Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando mi gracia se encuentra en posesión de muchas personas, festeja más;
sucede como con aquellas reinas que por cuantas más doncellas están atentas de sus órdenes
y les hacen corona alrededor, tanto más gozan y hacen fiesta. Tú quédate fija en Mí y mírame,
y quedarás tan adherida a Mí, que todo lo material quedará muerto para ti, y tanto debes fijarte
en Mí, hasta atraerme todo en ti, porque Yo encontrando en ti a Mí mismo, puedo encontrar en
ti mi perfecta complacencia. Ahora, encontrando en ti todos mis placeres posibles que puedo
encontrar en una criatura humana, no puede disgustarme tanto lo que me hacen los demás”.
(3) Y mientras esto decía se ha internado dentro de mí y todo se complacía. Cómo sería
afortunada si llegara a atraer en mí a todo mi amado Jesús.
+ + + +