privas de tu amable presencia, o que no me quieres más en este estado de víctima, ¡ah! te pido
que me hagas conocer tu Voluntad; si no pude oponerme cuando quisiste de mí el sacrificio,
mucho menos ahora, que no siendo más merecedora de ser víctima me quieres quitar”.
(2) Y Jesús, interrumpiendo mi hablar me ha dicho: “Hija mía, Yo, con haberme hecho víctima
por el género humano, tomando sobre Mí todas las debilidades, las miserias, y todo lo que
merecía el hombre, ante la Divinidad represento la cabeza de todos, y la naturaleza humana,
siendo Yo la cabeza ante la Divinidad, encuentra en Mí un escudo potentísimo que la defiende,
protege, excusa e intercede. Ahora, como tú te encuentras en el estado de víctima, vienes a
representar ante Mí la cabeza de la generación presente, por lo que debiendo mandar algún
castigo para bien de los pueblos y para llamarlos a Mí, si Yo viniera contigo según mi costumbre,
sólo con mostrarme a ti ya me siento aliviado y los dolores se mitigan, y me sucede como a uno
que sintiera un fuerte dolor y por el espasmo grita, si a este le cesara el dolor dejaría de gritar y
lamentarse. Así me sucede a Mí, mitigándose mis penas, naturalmente no siento más la
necesidad de mandar ese castigo; además tú, al verme, también naturalmente buscas
repararme y tomar sobre ti las penas de los demás, no puedes hacer menos que hacer tu oficio
de víctima ante mi presencia, y si tú no lo hicieras, lo que no puede ser jamás, Yo quedaría
disgustado contigo. He aquí la causa de mi privación, no es porque quiera castigar tus pecados,
tengo otros modos para purificarte, sin embargo te recompensaré, en los días que venga te
duplicaré mis visitas, ¿no estás contenta por ello?”
(3) Y yo: “No Señor, te quiero siempre, cualquiera que sea la causa no cedo en quedarme un
solo día privada de Ti”. Mientras esto decía, Jesús ha desaparecido y yo he regresado en mí
misma.
+ + + +
4-51
Enero 27, 1901
La firmeza de la fe está en la firmeza de la caridad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús por poco se ha hecho ver, y no
sé por qué me ha dicho:
(2) “Hija mía, toda la solidez de la fe católica está en la solidez de la caridad, que une los
corazones y los hace vivir en Mí”.
(3) Después, arrojándose entre mis brazos quería que yo lo reconfortara. Habiendo hecho por
cuanto he podido, luego Él me lo hizo a mí y desapareció.
+ + + +
4-52
Enero 30, 1901
Las virtudes, los meritos de Jesús, son tantas torres de
fuerza, en las cuales cada uno puede apoyarse en el
camino a la Eternidad. El veneno del interés.
(1) Esta mañana al venir el bendito Jesús me ha transportado fuera de mí misma, en medio
de muchas personas de diferentes condiciones: Sacerdotes, monjas, seglares, y Jesús dando
un doloroso lamento ha dicho: