tranquila, ¿pero quién puede hacer este sacrificio? Me parece imposible, y estaré obligada a
seguir martirizándonos mutuamente.
+ + + +
4-49
Enero 16, 1901
Jesucristo le explica el orden de la caridad.
(1) Como continúo viéndolo un poco enojado con el mundo, yo quería ocuparme en aplacarlo,
pero Él me distrajo diciéndome:
(2) “La caridad más aceptable a Mí es la que se hace por aquellos que me están más
cercanos, y los más cercanos a Mí son las almas purgantes, porque ya están confirmadas en mi
gracia y no hay ninguna oposición entre mi Voluntad y la suya, viven continuamente en Mí, me
aman ardientemente, y estoy obligado a verlas sufrir en Mí mismo, impotentes por sí mismas
para darse el más mínimo alivio. ¡Oh! cómo es lacerado mi corazón por el estado de esas almas,
porque no están lejos de Mí sino cerca, no sólo cerca, sino dentro de Mí y, cómo es grato a mi
corazón quien se interesa por ellas. Supón tú que tuvieras una madre, una hermana, que
convivieran contigo en un estado de dolor, incapaces de ayudarse por sí mismas, y un extraño
que viviera fuera de tu habitación, también en un estado de dolores, pero que se puede ayudar
por sí mismo; ¿no agradecerías más si alguna persona se ocupara en aliviar a tu madre o a tu
hermana, que al extraño que puede ayudarse por sí mismo?”
(3) Y yo: “Ciertamente, oh Señor”.
(4) Después ha agregado: “La segunda caridad más aceptable a mi corazón, es por aquellas
que, si bien viven sobre esta tierra, pero son casi como las almas purgantes, esto es, me aman,
hacen siempre mi Voluntad, se interesan de mis cosas como si fueran propias; ahora, si éstas
se encuentran oprimidas, necesitadas, en un estado de sufrimientos, y alguien se ocupa en
aliviarlas y ayudarlas, a mi corazón le resulta más agradable que si se les hicieran a otros”.
(5) Jesús se ha retirado, y yo, encontrándome en mí misma, me parecía que eran cosas que
no iban según la verdad. Entonces al regresar mi adorable Jesús, me ha hecho entender que
esto que me había dicho era según la verdad, sólo quedaba hablar sobre los miembros
separados de Él, que son los pecadores, y que quien se ocupa en reunir estos miembros sería
muy aceptable a su corazón. La diferencia que hay es esta: Que encontrándose un pecador
oprimido por una desventura y uno se ocupa no en convertirlo, sino en aliviarlo y ayudarlo
materialmente, el Señor agradecería más esto que si se hiciera a aquellos que están en el orden
de la gracia, porque si estos sufren, es siempre un producto, o del amor de Dios hacia ellos o
del amor de ellos hacia Dios, y si los pecadores sufren, el Señor ve en ellos la marca de la culpa
y de su obstinada voluntad. Me parece que así he entendido; pero dejo el juicio a quien tiene el
derecho de juzgarme, si va o no va según la verdad.
+ + + +
4-50
Enero 24, 1901
Luisa pregunta a Jesús la causa de su privación. Jesús la reprende.
(1) Habiendo pasado los días anteriores en silencio y algunas veces también privada de mi
adorable Jesús, esta mañana al venir me he lamentado con Él diciendo: “Señor, cómo es que
no vienes, cómo han cambiado las cosas, se ve que es, o por castigo de mis pecados que me
233 sig