(6) Y Jesús, contento, se puede decir de mis desatinos, me ha estrechado tanto a Él, de modo
que me veía dentro y fuera transfundida en Él, y me ha comunicado parte de su amor. Después
de esto he regresado en mí misma, y me parecía que por cuanto amor me es dado, tanto poseo
a mi Bien; y si poco lo amo, poco lo poseo.
+ + + +
4-47
Enero 9, 1901
Jesús la quiere unida a Él como un rayo al sol, del
cual recibe la vida, el calor y el esplendor.
(1) Esta mañana me sentía toda oprimida y aplastada, tanto, que estaba en busca de alivio;
mi único Bien me ha hecho esperar largamente su venida, y al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿no tomé Yo sobre Mí por amor tuyo tus pasiones, miserias y debilidades? ¿Y
no quisieras tú tomar sobre ti las de los demás por amor mío?”
(3) Después ha agregado: “Lo que quiero es que tú estés siempre unida Conmigo, como un
rayo de sol que está siempre fijo en el centro del sol, y que de él recibe la vida, el calor y el
esplendor. Supón tú que un rayo se pudiera separar del centro del sol, ¿en qué se convertiría?
En cuanto saliera perdería la vida, la luz y el calor, y volvería a las tinieblas reduciéndose a la
nada. Tal es el alma, mientras está unida Conmigo, en mi centro, se puede decir que es como
un rayo de sol que vive y recibe luz del sol, camina donde él quiere, en suma, está en todo a
disposición y a la voluntad del sol; si después se distrae de Mí, se desune, queda toda en
tinieblas, fría, y no siente en sí aquel impulso supremo de Vida Divina”.
(4) Dicho esto ha desaparecido.
+ + + +
4-48
Enero 15, 1901
Jesús le dice que ella forma su más grande martirio.
(1) Como en los días pasados mi amado Jesús se ha hecho ver en cierto modo enojado con
el mundo, esta mañana al no verlo venir pensaba entre mí: “Quién sabe, quizá no viene porque
quiere mandar algún castigo, ¿y qué culpa tengo yo de que como quiere mandar castigos no se
digna venir a mí? Que bonita cosa, que mientras quiere castigar a los otros, me da a mí el más
grande de los castigos, que es su privación”. Ahora, mientras decía estos y otros desatinos, mi
amable Jesús apenas se hizo ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú formas para Mí el más grande martirio, porque debiendo mandar algún castigo
no puedo estar contigo, porque me atas por todas partes y no quieres que haga nada, y no
viniendo, tú me ensordeces con tus demandas, con tus lamentos y tus esperas, tanto, que
mientras me ocupo en castigar estoy obligado a pensar en ti, a oírte, y mi corazón es lacerado
al verte en tu estado doloroso de mi privación, porque el martirio más doloroso es el martirio del
amor, y por cuanto más se aman dos personas, tanto más resultan dolorosas esas penas, que
no por otros, sino por medio de ellos mismos se suscitan, por eso estate tranquila, calmada, no
quieras acrecentar mis penas por medio de tus penas”.
(3) Entonces Él ha desaparecido y yo he quedado toda mortificada al pensar que yo formo el
martirio de mi amado Jesús, y que para no hacerlo sufrir tanto, cuando no viene debo estarme
232 sig