(2) “Si mi imagen dentro de ti fuera de madera, el amor sería aparente, porque sólo el amor
verdadero y sincero, unido a la mortificación, me hace renacer vivo, crucificado en el corazón de
quien me ama”.
(3) Yo al ver al Señor habría querido sustraerme de su presencia, tan mala me veía, pero Él
prosiguió diciendo:
(4) “¿Adónde quieres ir? Yo soy luz, y mi luz dondequiera que vayas te inviste por todas
partes”.
(5) A la presencia de Jesús, ante su luz, a su voz, mis pasiones han desaparecido, no sé yo
misma a dónde se han ido, he quedado como una niña y he regresado en mí misma, toda
cambiada. Sea todo para gloria de Dios y para bien de mi alma.
+ + + +
4-45
Enero 5, 1901
La Humanidad de Jesús fue hecha expresamente para obedecer
y para destruir la desobediencia. Luisa reconforta a Jesús.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, veía al confesor que ponía la intención de la crucifixión,
yo temía someterme, pero Jesús me ha dicho:
(2) “¿Qué quieres de Mí? Yo no puedo hacer más que obedecer, porque mi Humanidad fue
hecha expresamente para obedecer y para destruir la desobediencia, y estando tan unida
Conmigo esta virtud, que en Mí se puede decir que la obediencia es naturaleza, y el distintivo
para Mí más querido y glorioso, tanto, que si mi Humanidad no tuviera esto como propio, la
aborrecería y jamás me habría unido con Ella. Entonces, ¿quieres tú desobedecer? Puedes
hacerlo, pero lo harás tú, no Yo”.
(3) Yo, toda confundida al ver un Dios tan obediente he dicho: “También yo quiero obedecer”.
Y me he sometido, y Jesús me ha participado los dolores de la cruz.
(4) Después de esto me ha transportado fuera de mí misma y Jesús bendito me dio un beso,
y mientras esto hacía ha salido un aliento amargo, y estaba en actitud de querer verter sus
amarguras, pero no lo ha hecho, porque para hacerlo quería que yo se lo pidiera. Yo enseguida
he dicho: “¿Quieres alguna reparación? Hagámosla juntos, así mis reparaciones unidas a las
tuyas tendrán sus efectos, porque por mí sola creo que te disgustarán más”. Entonces he tomado
su mano que chorreaba sangre, y besándola he recitado el Laudate Dominum con el Gloria Patri;
Jesús rezó una parte y yo la otra, para reparar las tantas obras malas que se hacen, poniendo
la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe por las malas obras. ¡Cómo era
conmovedor ver orar a Jesús! Después hice lo mismo a la otra mano, poniendo la intención de
alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe por los pecados de acción. Enseguida los pies
con la intención de alabarlo tantas veces por cuantos pasos malos y por tantos caminos torcidos
recorridos, aun bajo aspecto de piedad y santidad. Al último el corazón, con la intención de
alabarlo tantas veces por cuantas veces el corazón humano no late para Dios, no ama a Dios,
no desea a Dios. Mi amado Jesús parecía todo reconfortado con estas reparaciones hechas
junto con Él, pero no contento aún, parecía que quería verter, y yo he dicho: “Señor, si quieres
verter, te pido que lo hagas”. Y Él ha vertido sus amarguras, y después ha agregado:
(5) “Hija mía, cuánto me ofenden los hombres, pero vendrá el tiempo en que los castigaré de
modo que saldrán muchos gusanillos (hombres viles y despreciables) que producirán nubes de
mosquitos (personas de cuerpo minúsculo) y mucho los oprimirán. Entonces, después saldrá el
Papa”.
(6) Y yo: “¿Y por qué saldrá el Papa?”