pudiera impedir la unión, de ella forma Tres y volviéndose a derretir forma Uno solo. Y es tan
cierto que la naturaleza del verdadero Amor tiene esto de producir imágenes todas similares a
sí, o de asumir la imagen de quien se ama, que la Segunda Persona al redimir al género humano
asumió la naturaleza y la imagen del hombre, y comunicó al hombre la Divinidad”.
(3) Mientras esto decían, yo distinguía muy bien a mi amado Jesús, reconociendo en Él la
imagen de la naturaleza humana, y sólo por Él tenía la confianza de permanecer ante la
presencia de ellos, ¿de otra manera ¿quién se habría atrevido? Ah, sí, me parecía que la
Humanidad asumida por Jesús había abierto el comercio a la criatura, a fin de hacerla subir
hasta el trono de la Divinidad para ser admitida a su conversación, y obtener reescritos de
gracias. ¡Oh, qué momentos felices he gustado, cuántas cosas comprendía!; pero para escribir
algunas cosas necesitaría describirlas cuando mi alma se encuentra con mi amado Jesús,
porque entonces me parece liberada del cuerpo, pero al encontrarme de nuevo aprisionada, las
tinieblas de la prisión, la lejanía de mi místico Sol, la pena de no verlo, me vuelven incapaz de
describirlas y me hacen vivir muriendo, pero estoy obligada a vivir atada, encarcelada en este
mísero cuerpo. ¡Ah! Señor, ten compasión de una miserable pecadora que vive enferma y
prisionera, rompe pronto los muros de esta cárcel para volar a Ti y no regresar más.
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4-40
Diciembre 23, 1900
Delante a la Santidad de la Divina Voluntad, las pasiones
no osan presentarse, y pierden por sí mismas la vida.
(1) Después de haber pasado largos días de silencio entre el bendito Jesús y yo, sentía un
vacío en mi interior; y esta mañana al venir me ha dicho:
(2) “Amada mía, ¿qué cosa quieres decirme que tanto ansías hablar Conmigo?”
(3) Y yo avergonzándome toda he dicho: “Mi dulce Jesús, quiero decirte que ansío
ardientemente el quererte a Ti y a tu Santo Querer, y si esto me concedes me harás totalmente
feliz y contenta”. Y Él ha agregado:
(4) “Tú en una palabra has aferrado todo, pidiéndome lo más grande que hay en el Cielo y en
la tierra, y Yo, en este Santo Querer deseo y quiero mayormente conformarte, y para hacer que
te sea más dulce y gustoso mi Querer, ponte en el círculo de mi Voluntad y observa en Ella sus
diversas virtudes y cualidades, deteniéndote ahora en la Santidad de mi Querer, ahora en la
bondad, ahora en la humildad, ahora en la belleza, ahora en la pacífica morada que produce mi
Querer, y en estas paradas que hagas adquirirás siempre más nuevas e inauditas noticias de
mi Santo Querer, y por eso quedarás tan atada y enamorada, que no saldrás nunca más de Él,
y esto te traerá un gran provecho, porque estando tú en mi Voluntad no tendrás necesidad de
combatir con tus pasiones y de estar siempre en armas contra ellas, pues mientras parece que
mueren renacen nuevamente más fuertes y vivas, sino que sin combatir, sin estrépito,
dulcemente se mueren, porque ante la Santidad de mi Voluntad las pasiones no se atreven a
presentarse, y pierden por sí mismas la vida, y si el alma siente los movimientos de sus pasiones,
es señal que no hace morada continua en los confines de mi Querer, que hace sus salidas, sus
escapaditas a su propio querer, y está obligada a sentir la peste de la naturaleza corrupta.
Mientras que si estás fija en mi Voluntad, estarás libre del todo y tu única ocupación será el
amarme y ser amada por Mí”.
(5) Después de esto, mirando al bendito Jesús, vi que tenía la corona de espinas y se la he
quitado poco a poco y la he puesto sobre mi cabeza, y Él me la encajó y desapareció, y yo me
he encontrado en mí misma, con un deseo ardiente de estar siempre en su Santísima Voluntad.
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