el bendito Jesús me envió en aquellos tres respiros. Después, esta mañana al venir,
mostrándome su corazón me ha dicho:
(2) “Amada mía, ¿cuál quieres, mi corazón o el tuyo? Si quieres el mío te tocará sufrir más;
pero debes de saber que he hecho esto para hacerte pasar a otro estado, porque cuando se
llega a la unión se pasa a otro estado, que es el de la consumación, y el alma para pasar a este
estado de perfecta consumación, tiene necesidad, o de mi corazón para vivir, o del suyo todo
transformado en el mío, de otra manera no puede pasar a este estado de consumación”.
(3) Y yo temiendo toda respondí: “Dulce amor mío, mi voluntad no es más mía sino tuya, haz
lo que quieras y yo estaré más contenta”. Después de esto me he acordado de algunas
dificultades del confesor, y Jesús viendo mi pensamiento me ha hecho ver como si yo estuviera
dentro de un cristal, y éste impedía hacer ver a los demás lo que el Señor obraba en mí, y ha
agregado:
(4) “Sólo se conoce el cristal y lo que contiene dentro, a los reflejos de la luz; así es para ti,
quien trae la luz de la creencia tocará con mano lo que Yo obro en ti, si no, advertirá las cosas
naturalmente”.
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4-35
Noviembre 20, 1900
Debiendo vivir del corazón de Jesús, Él le da
reglas para aprender un vivir más perfecto.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, mi adorable Jesús continúa haciéndome ver mi
corazón en el suyo, pero tan transformado que no reconozco más cuál es el mío y cual el de
Jesús. Lo ha conformado perfectamente con el suyo, le ha impreso todas las insignias de la
Pasión, haciéndome entender que su corazón, desde que fue concebido, fue concebido con
estas insignias de la Pasión, tanto, que lo que sufrió en lo último de su vida fue un
desbordamiento de lo que su corazón había sufrido continuamente. Me parecía verlos como el
uno así el otro. Me parecía ver a mi amado Jesús ocupado en preparar el lugar donde tenía que
poner el corazón, perfumándolo y adornándolo con tantas diversas flores, y mientras esto hacía
me ha dicho:
(2) “Amada mía, debiendo vivir de mi corazón te conviene emprender un modo de vivir más
perfecto, por eso quiero de ti:
(3) 1º Uniformidad perfecta a mi Voluntad, porque jamás podrás amarme perfectamente sino
hasta que me ames con mi misma Voluntad; más bien te digo que amándome con mi misma
Voluntad, llegarás a amarme a Mí y al prójimo con mi mismo modo de amar.
(4) 2º Humildad profunda, poniéndote ante Mí y ante las criaturas como la última de todas.
(5) 3º Pureza en todo, porque cualquier mínima falta de pureza, tanto en el amar como en el
obrar, todo se refleja en el corazón, y éste queda manchado, por eso quiero que la pureza sea
como el rocío sobre las flores al despuntar el sol, en el que reflejándose los rayos, transmuta
esas pequeñas gotitas como en tantas perlas preciosas que encantan a las gentes. Así todas
tus obras, pensamientos y palabras, latidos y afectos, deseos e inclinaciones, si están adornadas
por el rocío celestial de la pureza, tejerás un dulce encanto no sólo a los ojos humanos, sino a
todo el Empíreo.
(6) 4º La obediencia va unida con mi Voluntad, porque si esta virtud se refiere a los superiores
que te he dado en la tierra, mi Voluntad es obediencia que se refiere a Mí directamente, tanto
que se puede decir que la una y la otra, ambas son virtud de obediencia, con esta sola diferencia,
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