ningún remedio a mis grandes miserias, mucho más me oprime el pensamiento de que no sea
más Voluntad suya mi estado, y no estando en su Querer me parece estar fuera del centro, y
muchas veces pienso en el modo cómo poder salir. Ahora, estando con estas disposiciones lo
he oído atrás de mi espalda que me decía:
(2) “Te has cansado, ¿no es verdad?”
(3) Y yo: “Sí Señor, me siento bastante cansada”.
(4) Y Él continuó: “¡Ah! hija mía, no salgas de mi Querer, porque saliendo de dentro de Él
vienes a perder mi conocimiento, y no conociéndome vienes a perder el conocimiento de ti
misma, porque sólo se distingue con claridad si hay oro o fango con los reflejos de la luz, porque
si todo es tinieblas fácilmente se pueden confundir los objetos. Ahora, luz es mi Querer, que
dándote mi conocimiento, a los reflejos de esta luz vienes a conocer quién eres tú, y viendo tu
debilidad, tu pura nada, te pegas a mis brazos y unida con mi Querer vives Conmigo en el Cielo.
Pero si quieres salir de mi Querer, lo primero que perderás es la verdadera humildad, y después
vendrás a vivir sobre la tierra y estarás obligada a sentir el peso terreno, a gemir y suspirar como
todos los demás desventurados que viven fuera de mi Voluntad”.
(5) Dicho esto se ha retirado sin ni siquiera hacerse ver. ¿Quién puede decir el desgarro de
mi alma?
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4-31
Noviembre 13, 1900
Ve las muchas miserias humanas, el envilecimiento
y despojamiento de la Iglesia la misma
degradación de los sacerdotes.
(1) Después de haber pasado varios días de privaciones amarguísimas, habiendo recibido la
santa comunión, dentro de mi interior he visto tres niños; era tanta su belleza e igualdad, que
parecían los tres nacidos de un mismo parto. Mi alma quedó sorprendida y estupefacta al ver
tanta belleza encerrada en el círculo de mi interior tan miserable, y más crecía mi asombro
porque veía a estos tres Niños como si tuvieran en la mano muchas cuerdas de oro, con las
cuales se ataban totalmente a mí y ataban todo mi corazón a ellos. Luego, como si cada uno
tomara su lugar, empezaron a discutir entre ellos; pero yo no entendía y no encuentro palabras
para poder repetir su altísimo lenguaje, sólo puedo decir que en un abrir y cerrar de ojos he visto
las tantas miserias humanas, el envilecimiento y despojo de la Iglesia, la misma degradación de
los sacerdotes, que en vez de ser luz para los pueblos, son tinieblas, entonces toda amargada
por estas escenas he dicho: “Santísimo Dios, da la paz a la Iglesia, haz que le restituyan lo que
le han quitado, no permitas que los malos rían a espaldas de los buenos”. Y mientras esto decía,
los niños han dicho:
(2) “Son arcanos incomprensibles de Dios”.
(3) Dicho esto han desaparecido y yo he regresado en mí misma.
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